Lunes, 22 de Julio de 2024

Cádiz en el Caribe

Lunes, 28 de Abril de 2014
Estoy ya de regreso en el sur de la Florida tras pasar unos días en Puerto Rico. Estuve dando unas conferencias sobre El legado del cristianismo en la cultura occidental centradas en el cristianismo primitivo, en cómo ese cristianismo se vio invadido por una verdadera avalancha de paganismo, especialmente en el siglo IV, y cómo el regreso a las enseñanzas de la Biblia que tuvo lugar con la Reforma provocó felices consecuencias en áreas como el trabajo, las finanzas, la educación, la ciencia, la supremacía de la ley o la separación de poderes. Las conferencias fueron un éxito. Había venido gente de otras naciones de Hispanoamérica para escucharlas y, como era de esperar, ya he recibido invitaciones para ir a otros países situados al sur del río Grande. En otras palabras, todo ha transcurrido, gracias a Dios, como era de esperar.

​Aunque el programa fue muy apretado – el viernes tuve cinco horas seguidas de exposición; el sábado, acabé por la tarde las ponencias que inicié por la mañana e incluso el domingo, no estuve libre – tuve algún tiempo para ver el viejo San Juan. No se puede decir que España dejara mucho en Puerto Rico. A diferencia de Cuba en el siglo XIX o del Perú desde el siglo XVII, de aquella isla no se podía sacar casi nada para disfrute de las castas privilegiadas. Como mucho, se utilizaba como una especie de lugar de descanso situado en el camino de Cuba. Con todo y a pesar de la incuria colonial – que no parece que fuera poca – las fortificaciones del Morro o el casco viejo recuerdan enormemente a España. Me atrevería a decir que son como un pedazo de Cádiz trasplantado a este lado del Atlántico. Ahí se ha quedado esa porción porque el resto de la isla si deja ver alguna influencia inmensa es la de Estados Unidos.

Es hermoso Puerto Rico con esa combinación de casco viejo casi gaditano y de crecimiento económico norteño; con esa mezcla de mentalidad en que de la Santa Madre iglesia – en decadencia extraordinaria en la isla hasta el punto de que los seminarios y las órdenes religiosas hay que cubrirlas con extranjeros y apenas cien mil personas lo practican sobre casi cuatro millones de habitantes - se ha pasado al Papá estado, al welfare state que permite vivir a tantos puertorriqueños como si el PER socialista hubiera extendido sus tentáculos hasta aquí. Mientras pronunciaba mis conferencias y hablaba del trabajo, de la educación y de otras cosas que conocen mis lectores, eran muchos los que asentían con la cabeza corroborando la veracidad de mis tesis en estas tierras. También es verdad que aquí hay muchos que ya se van dando cuenta de la realidad. A fin de cuentas, en estos pagos, no hay casilla del impuesto de la renta para que la iglesia católica se lleve el dinero de los contribuyentes, ni recibe asignaciones tributarias ni se dan otras conductas bochornosas que España padece desde hace siglos. Hay una verdadera libertad de culto y de conciencia y un principio aceptado de que cada uno debe costear sus creencias como es su obligación y no la de todos.

Ignoro si, al fin y a la postre, Puerto Rico logrará salir de la postración en que se vio sumido con la llegada de las naves hispanas y la desaparición de su población indígena. Porque sí, hubo etnias enteras que desaparecieron de la faz de la tierra con la llegada de los españoles aunque nos empeñemos en sustentar mitos contrarios. De hecho, se calcula que al sur del río Grande desaparecieron indígenas por una cifra multiplicada al menos por diez a la que se extinguió al norte. Cuestión aparte es que los norteamericanos nos hayan contado una y mil veces el encierro de los sioux en reservas y nosotros ni una vez hayamos relatado lo que significó el final del imperio azteca o del inca por no mencionar otros grupos de mayor o menor relevancia. Retomo: no sé si Puerto Rico lo conseguirá, pero sí puedo decir que cuenta ya con material para ello. La prueba está en gentes como la que he conocido durante este viaje, gentes Yarleyn o Lysette - que organizaron estas conferencias demostrando que la ignorancia de las gentes habrá venido muy bien durante siglos a alguna confesión religiosa, pero el verdadero cristianismo construye sobre la educación no de las élites para manipularlas sino de todos porque es una religión de la Biblia – o como César y Susi, que comenzaron compartiendo el Evangelio con drogadictos y prostitutas y que se reunían a estudiar la Biblia y a orar bajo los árboles porque no tenían locales y que dieron lugar a lo que se conoce como las Catacumbas, es decir, cristianos que todavía viven su fe siguiendo el modelo que encontramos en el Nuevo Testamento. Sí, hay esperanza de que Puerto Rico logre algún día sacudirse una mentalidad que es la maldición de los pueblos en los que arraiga conservando a la vez ese casco viejo que tanto recuerda a Cádiz. También existe la esperanza de que yo llegue a contemplarlo porque yo regresar, Dios mediante, espero regresar algún día.

 

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