Martes, 11 de Agosto de 2020

Fernando VII o la Historia detenida

Jueves, 21 de Mayo de 2015

Se cuenta que un historiador obsequioso se dirigió en cierta ocasión a Alfonso XIII para informarle de que estaba escribiendo una biografía de Fernando VII. Acto seguido, añadió: “Y pretendo dejarle bien”, a lo que repuso Alfonso XIII: “pues trabajo vas a tener”.

No exageraba el monarca de triste destino. A pesar de que lo denominaran el Deseado, lo cierto es que Fernando VII ha pasado más a la Historia como “el rey felón”. En realidad, Fernando sólo quiso detener la rueda del tiempo y mantener el Antiguo Régimen en funcionamiento cuando ya todo indicaba que sus días estaban contados. Su aborrecimiento de Godoy y el intento de golpe de estado para derribar a su padre Carlos IV muy posiblemente estuvieron relacionados con el temor de que algunas medidas ilustradas como la desamortización de bienes eclesiásticos pudieran resquebrajar un edificio que ya amenazaba ruina. Lejos de fiarse de Napoleón, como ingenuamente hicieron sus padres, contemporizó con él en la convicción de que no podría sobrevivir a la acometida de todo el absolutismo europeo. La derrota de Bonaparte y el regreso a España – donde las gentes lo recibieron al grito de “¡Vivan las caenas!” – lo convencieron de la certeza de su visión. Derogó la constitución de 1812, encarceló a los liberales que no tuvieron la sensatez de exiliarse y gobernó como monarca absoluto hasta que, en 1820, el pronunciamiento de Riego le obligó a decir aquello de “marchemos todos y yo el primero por la senda de la constitución”. Pero no creía en la libertad. En 1823, la venida de los Cien mil hijos de san Luis le permitió recuperar sus prerrogativas y acabar con los liberales. Para asegurarse, permitió que la reinstaurada Inquisición diera muerte a su último ajusticiado – el protestante Cayetano Ripoll – y procedió a cerrar la universidad y encomiar la tauromaquia. Le falló la falta de descendencia. Cuando, finalmente, tras varios matrimonios, tuvo una hija comprendió que la sucesión sólo sería posible con el respaldo de los liberales frente a los carlistas. Murió así reconociendo lo inevitable: la Historia puede ser paralizada, pero no por mucho tiempo.

Próxima semana: Zumalacárregui

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