Viernes, 14 de Junio de 2024

Por qué dejé de ser de izquierdas: una presentación

Miércoles, 29 de Octubre de 2008

Corría el año 1531 cuando un humanista inglés llamado William Tyndale comenzó a escribir una obra en respuesta a un ataque escrito que había lanzado contra él un conocidísimo dignatario. Defendía el dignatario que la apostasía siempre es mala porque implica el abandono de un cuerpo espiritual que existía siglos antes de que nosotros llegáramos al mundo. Sin embargo, Tyndale no veía las cosas de la misma manera. De hecho, distinguía entre apostasías buenas y apostasías malas. Las buenas eran aquellas que venían motivadas por la adhesión a la Verdad. Como ejemplo de la veracidad de su aserto, Tyndale esgrimía nada más y nada menos el ejemplo de Cristo y de sus apóstoles y, en un momento determinado de su exposición, lo argumentaba. Los apóstoles habían abandonado un cuerpo espiritual formado por los escribas y por los fariseos, por los sacerdotes del Templo que habían condenado al propio Jesús y que lo habían conducido ante Pilato. ¿Acaso – alegaba Tyndale - esa apostasía había sido mala? ¿Deberían haber permanecido en el seno del aquel cuerpo espiritual que se había enfrentado con Cristo o, por el contrario, habían hecho lo que debían apostatando de él?

Traigo a colación el argumento de Tyndale porque el libro que presentamos esta mañana es una colección de historias de apóstatas, apóstatas de una cosmovisión que más de una vez ha sido equiparada a la de una confesión religiosa.

Si seguimos con el símil incluso me atrevería a decir que en estas páginas se encuentran representadas las más diversas iglesias de la izquierda. Entre los apóstatas se hallan antiguos terroristas, comunistas clásicos, trotskystas, socialistas e incluso algún despistado socialdemócrata.

Para remate, no sé si en una ironía de los autores, su número es de 12, como los apóstoles, dato que debo recordar porque con la LOGSE ya es que no sólo se ignora el número de los apóstoles si que incluso no se sabe de su existencia. Dicho esto, he contemplado con satisfacción que no deseo ocultar que a mi, como autor del epílogo, me ha correspondido el lugar de Pablo de Tarso. Y esto lo digo no por vanidad sino porque yo comparto la afirmación paulina contenida en la primera epístola a los Corintios de que en la lista soy el último, casi, casi como un abortivo.

He disfrutado enormemente la lectura de las páginas de este libro. Por supuesto, conocía el pasado de algunos de los protagonistas siquiera porque como es el caso de Federico Jiménez Losantos o de Pío Moa han escrito memorias sustanciosas y sugestivas, amén de imprescindibles para comprender la reciente Historia de España. Sin embargo, la lectura incluso de esas historias hasta cierto punto sabidas me ha parecido nueva, fresca y apasionante. Y no quiero ya decirles lo que ha significado acercarme a personas cercanas y en algunos aspectos tan desconocidas como Carlos Semprún Maura, Pedro de Tena, Cristina Losada, Javier Rubio, Juan Carlos Girauta, Amando de Miguel, Horacio Vázquez Rial, José María Marco o Pepe García Domínguez.

Con toda la diferencia que pueda alegarse – y que, sin duda, existe – entre los protagonistas del libro, sin embargo, concurren muchos puntos en común.

1. Todos llegaron a la izquierda guiados por ideales nobles de justicia y de bienestar para el prójimo y no ansiosos de cobrar subvenciones o renegando de un pasado franquista o a la espera de alcanzar un cargo público.

2. Todos corrieron riesgos mayores o menores en la clandestinidad o en la revolución a diferencia de aquellos que fueron jefes de medios con Franco para luego serlo también con el PSOE.

3. Todos pusieron más carne en el asador que la mayoría de sus contemporáneos, aunque aquí – justicia obliga – debo insistir de nuevo en que mi caso es menor, muy menor en comparación con los demás personajes del libro.

4. Todos mantuvieron el peligroso hábito de leer y el no menos pernicioso de pensar de manera crítica y por cuenta propia.

5. Todos descubrieron en su carne y en Amando de Miguel, su alma la falsedad vinculada a la izquierda real y a las acciones de los izquierdistas.

6. Todos, al fin y a la postre, prefirieron la Verdad a la mentira y acabaron ubicándose en las derechas de signo más o menos liberal o más o menos conservador y

7. Todos nos llevan a pensar si para combatir con eficacia a las izquierdas no hay que ser antes de las izquierdas en lugar de nacer en otros lugares.

En ese sentido, el trabajo realizado por Javier Somalo y por Mario Noya es verdaderamente notable porque desbarata la propaganda barata a que nos tiene acostumbrados y pretende someternos la dictadura de lo políticamente correcto.

La libertad, la justicia, la Verdad y hasta, si me apuran, la belleza, rara vez han transitado por los campos de la izquierda. Más bien ha sido ésta una enemiga encarnizada de todas ellas. Sé que alguno me objetará el ejemplo de Picasso, pero, sinceramente, a mi el Guernica me parece un borrón espantoso si lo comparo con la Capilla Sixtina o las Meninas. Y en cuanto a la música ¿qué quieren que les diga? Creo que nunca me arrepentiré lo suficiente, estéticamente hablando, claro está, de haber cantado majaderías como ésa de “dum, dum, ¿quién es? El sable del coronel. Cierra la muralla”. Desde luego, mira que se puede ser majadero a ciertas edades y en ciertas circunstancias…

Precisamente por todo lo anterior son Javier Somalo y Mario Noya dos personas especialmente adecuadas para escribir esta obra.

En el caso de Javier, los que lo conocen en la dirección de LD o en el programa Debates en libertad de LDTV saben de sobra que mantiene un compromiso inquebrantable, insobornable e indomable con la libertad y con la verdad con todo lo que eso supone en una sociedad donde el gobierno se caracteriza por un uso masivo, continuado y sistemático de la mentira como arma política. A título personal, debo decir que este año le pedí que formara parte de la tertulia de directores que mantengo en la Linterna los lunes por la noche y debo confesar que no me ha dado más que satisfacciones por ese verbo exacto, esa acometividad denodada y esa limpieza de criterio que manifiesta en cada una de sus frases. Creo que no me desmentirá si digo que solemos pasarlo magníficamente en esa tertulia de análisis político porque Javier tiene mucho de esa Linterna irónica, documentada y contundente que a mi tanto me gusta hacer.

En el caso de Mario, responsable de libros en LDTV y de suplementos en LD, nos encontramos ante un ejemplo indiscutible de cómo se puede ser joven y, a la vez, leer, pensar y no caer en la izquierda. Es, desde luego, una prueba de que, se diga lo que se diga, sigue existiendo rebeldía, de la verdaderamente sana y sensata, entre la juventud y de que necesariamente no hay que ser de izquierdas cuando se tienen ciertas edades.

Me permito también felicitar a la editorial Ciudadela por la sensatez y el atrevimiento de publicar un libro así. También por iniciativas como la de esa página web donde otros pueden dar su testimonio de cómo dejaron la izquierda o por un video extraordinario de promoción en el que lo único que me chirria – debo decirlo – es ver mi imagen con Freddy Mercury cantando de fondo musical. A mi – lo reconozco – me gustan más los intérpretes de Camino del Sur, pero reconozco que es algo secundario y, desde luego, subjetivo.

Y, si me lo permiten, desearía regresar a William Tyndale con el que comencé esta presentación. La apostasía no es mala en si. De hecho, puede ser buena, incluso obligada moralmente cuando tiene lugar por amor a la Verdad. Les sugiero pues que lean este libro porque, en caso de que sigan siendo de izquierdas, todavía están a tiempo de cometer una apostasía de las buenas.

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