Domingo, 19 de Mayo de 2024

Sobre el cese de Pedro J. Ramírez

Miércoles, 29 de Enero de 2014
A este lado del Atlántico me llega la noticia de la salida de Pedro J de la redacción de El Mundo. Llevo años diciendo que Pedro J siempre me ha recordado al Mefistófeles del “Fausto” de Goethe que se presentaba como esa fuerza que siendo maligna, sin embargo, acababa causando el bien.

En más de una ocasión, le comenté esa impresión a Federico y nunca me lo negó aunque no me siento en libertad para reproducir aquí algunos de los comentarios que me formuló al respecto. En la etapa breve en que pasé por El Mundo, Pedro J. intentó incorporarme a la redacción – algo a lo que yo me resistí con uñas y dientes – y hubo de conformarse con que me ocupara de los contenidos de un suplemento que se titulaba El diario de la Historia si no recuerdo mal. Luego un lobby concreto - que, por discreción, no identificaré – se empeñó en que me echaran y lo consiguió. Yo para estas cosas soy muy despistado y de no haberme dado la documentación uno de los grandes periodistas que todavía trabaja para El Mundo, seguramente, no me habría enterado jamás. El lobby siempre ha sido muy del agrado de Pedro J. o sea que no me sorprende lo sucedido. Yo, desde luego, no lo sentí. Le envié una carta agradeciéndole el tiempo que me había permitido escribir en su periódico y a otra cosa…

Por cierto, sí debo constatar que en relación con Pedro J. tuve yo una experiencia que podría denominarse paranormal, que he relatado detalladamente en una de mis novelas obviamente cambiando el contexto y que, en cierta ocasión, referí sucinta y un tanto tímidamente a Federico. ¡Cuál no sería mi sorpresa al ver que Federico, no precisamente creyente en lo sobrenatural, no me la discutía un ápice e incluso la daba como más que posible! Pero hasta ahí puedo contar…

Yo nunca he creído en las santas intenciones de Pedro J. Es más: de algunas sospecho y mucho, pero, al mismo tiempo, pienso que hay que reconocerle de manera generosa que contribuyó no poco a destapar escándalos intolerables. El caso GAL seguramente nunca habría terminado en condenas judiciales sin su persistencia informativa y también sin El Mundo el 11-M habría llegado a la mayoría de los ciudadanos conforme a la falaz e inverosímil versión oficial. Esas son luces y grandes, pero, junto a ellas, también ha habido sombras. Yo he bromeado siempre diciendo que a Pedro J. lo que le habría gustado ser era el cardenal Richelieu del presidente del gobierno – y no piensen los malpensados que lo digo por el color escarlata del hábito cardenalicio – por eso de convertirse en el consejero áulico de quien manda. Tuve esa impresión con Aznar y todavía más con ZP. De hecho, Pedro J. apoyó algunas de sus más inicuas acciones legislativas con un entusiasmo escalofriante.

A Pedro J. – todo hay que decirlo – se le debe también un libro sobre la Revolución francesa que no creo que leyera mucha gente, pero que – doy fe de ello – es verdaderamente extraordinario. Me atrevería incluso a decir que de lectura obligatoria para el que desee enterarse de lo que fue este trascendental episodio de la Historia contemporánea.
Sin restar un ápice a su mérito como director de periódico – que ha sido inmenso, primero, en Diario-16 y luego en El Mundo – y agradeciéndole los servicios rendidos, no puedo suscribir la tesis de que Pedro J es un mártir que ha caído víctima de la conjura de los partidos y de la Casa Real como ya ha escrito Federico. Mi antiguo compañero de Es. Radio lleva años empeñado en mantener esa versión también de su propia vida. Es una leyenda que decidió hace años creerse porque siempre queda mejor pensar que un monarca te persigue, porque es duro reconocer que tus antiguos empleadores dejaron de encontrarte útil y te echaron al vertedero una vez cumplidos servicios haciendo gala de la ingratitud que habitualmente los caracteriza y porque siempre ha seguido moviéndose para regresar a COPE como Adán debía soñar con regresar al Edén del que el Altísimo lo había expulsado. En “No vine para quedarme: Memorias de un disidente” ya di mi versión de por qué Federico fue despedido de COPE y señalé que, en lugar de al rey, hay que atribuir que fuera expulsado a las tinieblas al cardenal Rouco que se negó a recibirlo durante la última temporada que estuvimos en aquella radio. Meses después, Abellán, en su blog de la verdadosharalibre.es, ha confirmado más que sobradamente mi interpretación de los hechos añadiendo multitud de datos que no estaban a mi alcance. Es más, Abellán posee mucha, muchísima documentación que yo desconocía de las razones reales – que no regias - de la salida de Federico de COPE y de sus intentos reiterados por regresar a la cadena radiofónica de los obispos, intentos, dicho sea de paso, de los que a mi nunca me informó cabalmente. Pero no nos desviemos del tema.

Lejos de atribuir la salida de Pedro J a los partidos políticos y al rey - ¡qué fijación! – me temo que la razón fundamental ha sido el agujero económico que deja tras de si en el grupo y que se calcula en varias decenas de millones de euros. En otras palabras, los dueños de la casa estaban disgustados desde hacía mucho tiempo con la gestión de Pedro J. y lo mantuvieron en el puesto mucho más tiempo del que habrían conservado a otro porque es un director excepcional. Sin embargo, ha llegado un momento en que el collar había adquirido un coste tal que era mejor desprenderse del galgo.

Para los que estábamos en el mundo de la comunicación no es ninguna sorpresa aunque alguno se empeñe en ver oscuras tramas en todo. Ya en la primavera del año pasado, algún trabajador de la casa me decía que no sabía si el periódico podría mantenerse abierto hasta 2014 y no exageraba porque fracasos económicos como la televisión vinculada a El Mundo u otras aventuras radiofónicas habían resultado de coste elevadísimo. Por supuesto, habrá quien seguirá prefiriendo creer que Pedro J ha perecido por una conjura de los poderosos, pero si se quiere buscar responsables debería mirarse más bien la cuenta de resultados.

Parece ser que El Mundo será dirigido a partir de ahora por Casimiro García Abadillo. Le deseo todo el éxito posible porque es de desear que el diario siga publicándose y que mantenga la línea de investigación que tantos le agradecemos desde hace años.

No creo que la salida de la dirección de El Mundo – por muy relevante que pueda resultar – tenga que implicar el final de Pedro J. Es todavía un hombre joven, su curriculum profesional lo avala y cuenta con una situación económica más que saneada. En otras palabras, no se queda con la noche y con la mañana como otros a los que despiden a puñados en nuestra España. Le queda decidir en todo caso que hará. Últimamente, se rumoreaba que podía incluso lanzarse a una aventura mediática vinculada a la televisión digital. Si ése es el caso, espero por su bien que se mantenga lo más lejos posible de la gente que hundió la televisión - ¡gran oportunidad perdida! – de Libertad digital. Con grandes aduladores, pero pésimos gestores, nunca salen las cosas bien.

 

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