Mateo, el evangelio judío (XXV)

Viernes, 14 de Septiembre de 2018
La piedra sobre la que se levanta la iglesia es Jesús La piedra sobre la que se levanta la iglesia es Jesús

¿Quién dice la gente que soy yo? (II) (16:18-20)

El Evangelio de Mateo, tras la confesión de Pedro, incluye la referencia de Jesús en el sentido de que levantará su iglesia sobre una piedra – literalmente, roca – y que dará a Pedro las llaves del reino de los cielos y que lo ate y desate en la tierra quedará atado y desatado en los cielos. 

No hace falta que explique que el texto de Pedro y la roca es la base sobre la que la iglesia católico-romana pretende sustentar la supremacía papal alegando que la piedra sobre la que se levanta la iglesia es Pedro.  La afirmación se repite hasta la saciedad, pero hay que decir que ni siquiera los teólogos católicos serios se la creen.  De manera bien reveladora, Benedicto XVI en su trilogía sobre Cristo al llegar a este pasaje – como sucede con otros – elude defender la posición tradicional católica y se dedica a comentar otras cosas.  Podía ser papa, pero no era ni ignorante ni estúpido.  El texto de Mateo 16: 18 no se puede utilizar honradamente para sustentar el papado por varias razones más que sólidas.

  1. Aunque la roca fuera Pedro, en ningún lado se dice que se identificara con el obispo de Roma ni menos que ese cargo fuera sometido a sucesión.  Por mucho que uno quiera darle vueltas al tema la verdad es que no hay referencia a Roma ni a una sucesión en las palabras de Jesús.  Por el contrario, lo que se dice, en todo caso, se afirmaría nada más que sobre Pedro.
  2. El texto griego lo desmiente.  Por añadidura, el texto griego lo que señala es una clara separación entre la roca-piedra (petra) sobre la que se basa la iglesia y la piedrecilla (petrós) que es Pedro.  Parafraseando a Jesús, el texto dice:  tu eres una piedrecilla, pero yo levantaré mi iglesia sobre una ROCA.
  3. Pedro señaló quién era la piedra y NO era él.  Para colmo, Pedro fue siempre consciente de que él NO era la piedra.  Lo sabía, entre otras razones, porque la Biblia profetizaba quién era esa piedra sobre la que se elevaría el nuevo edificio de Dios que era la iglesia.  Así, al comparecer ante el sanedrín, Pedro afirmó con claridad no que la piedra era él sino que era Jesús y para ello apeló a la profecía del Salmo 118: 22:   Sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por El, este se halla aquí sano delante de vosotros. EsteJesús es la PIEDRA DESECHADA por vosotros LOS CONSTRUCTORES, pero QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA ANGULAR. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos”.  (Hechos 4: 10-12).  En otras palabras, Pedro JAMÁS dijo que era la piedra sino que señaló al Jesús que había cumplido la profecía como esa piedra indicando además que la salvación no dependía de adherirse a Pedro – mucho menos por someterse al obispo de Roma como definió como dogma el papa Bonifacio VIII – sino de creer en Jesús.  Esta posición la siguió manteniendo Pedro hasta el final de su vida.  Así, por ejemplo, en su primera carta 2: 1-8 afirma:      Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.  Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura:
        He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. 

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,
    La piedra que los edificadores desecharon,
    Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

 y:
    Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, m porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

    Las palabras de Pedro son dignas de reflexión.  La piedra NO es él sino Cristo.  A lo sumo, los demás, como él mismo, somos piedrecitas que se acercan a esa Piedra que es el mesías.  Esto resulta muy importante porque es el cumplimiento de dos profecías.  La primera ya la citó Pedro en su respuesta al sanhedrín y está en el Salmo 118. La segunda se encuentra en el capítulo 8: 14 del profeta Isaías y se refiere al mismo Dios.  En otras palabras, la piedra sobre la que se levanta el edificio de Dios – la iglesia – no es un simple ser humano sino el mismo YHVH, el Dios manifestado desde el principio y encarnado en Cristo.  El pasaje es de una enorme relevancia porque si alguien pretende ser esa piedra o afirma que lo es alguien que no es el mesías-Dios simplemente está colocándose en el lugar de Dios, una de las características del hombre de pecado señalado por Pablo en 2 Tesalonicenses 2.  Pedro, desde luego, jamás incurrió en esa blasfemia ni instó a nadie a hacerlo ya que siempre enseñó que la piedra sobre la que se levantaba la iglesia era Jesús.     

  1. De manera aplastantemente mayoritaria, los primeros cristianos NO creyeron que la piedra era Pedro.  No puede sorprender que con estos antecedentes los primeros cristianos creyeran que la piedra era Cristo – como el mismo Pedro enseñó - y no Pedro.  El padre Launoy realizó un estudio sobre las afirmaciones de los padres de la iglesia respecto a este texto y las conclusiones a las que llegó fueron reveladoras.  El número de padres que creía que la piedra era el contenido de la declaración de fe expresado por Pedro era 44, el de los que pensaban que era el mismo Cristo era de 16, el de los que pensaba que era Pedro era tan sólo de 17 y el de los que pensaban que era la fe de todos los apóstoles se reducía a 8.  Las distintas opiniones dicen mucho sobre que la posición que identificaba la piedra con Pedro era muy minotaria, pero incluso en esos casos no implicaba ni sucesión ni mucho menos sucesión a través del obispo de Roma y
  2. Las afirmaciones de Jesús sobre el ministerio de Pedro se cumplieron en vida de Pedro, pero no pasaron a nadie más.Si la referencia a las llaves de Pedro se relaciona con el que hecho de que Pedro abriría el reino a los judíos con su predicación de Pentecostés (Hechos 2) y a los judíos con la entrada del gentil Cornelio (Hechos 10-11) es obvio que fue una misión cumplida durante su vida y que no puede ser repetida.  En cuanto al hecho de atar y desatar ni siquiera fue exclusivo de Pedro.  De hecho, en Juan 20: 23 se menciona en esa acción a todos los apóstoles y en Mateo 18: 18, como manifestación de la disciplina eclesial, a toda la iglesia.  

                    La pretensión de que Pedro es la piedra y de que esa circunstancia es base a su vez de la iglesia católico-romana es insostenible a la luz de las Escrituras y de la Historia, pero además pone de manifiesto que existe una institución que durante siglos no ha tenido el menor empacho en sostener que su cabeza es lo que sólo es Cristo y además Cristo como encarnación de YHVH.  Que cada cual saque sus consecuencias.

CONTINUARÁ

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