Jesús, el judío (XXIV)

Domingo, 13 de Enero de 2019

“¿QUIÉN DICEN LOS HOMBRES QUE SOY?” (III): El Siervo de YHVH [1]

En Marcos 10, 45, se nos narra cómo Jesús vinculó para definirse y explicar su misión los títulos de “Siervo” e “Hijo del Hombre”.  Al comportarse de esa manera, Jesús se aplicaba una visión bien establecida en el judaísmo[2].   De hecho, el Ebed YHVH (siervo de YHVH)[3] es mencionado con especial relevancia en los denominados Cantos contenidos en el libro del profeta Isaías (42, 1-4; 49, 1-7; 50, 4-11 y 52, 13-53, 12).  Una lectura de los pasajes nos permitirá captar las dimensiones reales del citado personaje: 

 

      Aquí está mi siervo.  Yo lo sostendré.  Mi escogido, en quien se complace mi alma.  Sobre él he puesto mi Espíritu.  El traerá justicia a las naciones.  No gritará ni levantará la voz, ni la hará oir en las calles. No quebrará la caña cascada, ni extinguirá el pábilo que humea.  Traerá la justicia por medio de la verdad.  No se cansará ni desmayará, antes de establecer la justicia en la tierra; y las costas esperarán su ley. 

    (Isaías 42, 1-4) 

 

       Poco es para mi que tu seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel.  También te he dado por luz a las naciones, para que seas mi salvación hasta los confines de la tierra. 

      (Isaías 49, 6) 

 

      ¿Quién ha creído en nuestro anuncio y sobre quién se ha manifestado el brazo de YHVH?    Subirá cual renuevo ante él, y como una raíz que brota en tierra seca. No existe en él atractivo ni belleza.  Lo veremos, pero no con atractivo suficiente como para que lo deseemos.   Despreciado y desechado por los hombres, hombre de dolores, que experimentará sufrimiento.  Fue despreciado cuando escondimos nuestro rostro de él y no lo apreciamos.   En verdad llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestras dolencias; y nosotros pensamos que era azotado, herido por Dios y abatido.  Pero lo cierto es que fue herido por nuestras rebeliones, aplastado por nuestros pecados.  El castigo que produciría nuestra paz estuvo sobre él y fuimos curados por su llaga.  Todos nosotros nos descarriamos como ovejas.  Cada uno por su camino.  Pero YHVH cargó el pecado de todos nosotros sobre él.   Aunque sufría angustia y aflicción, no abrió la boca.  Fue llevado al matadero como un cordero.  Como una oveja que se halla ante los que la trasquilan, quedó mudo, sin abrir la boca.  Fue quitado por juicio y prisión.  ¿Quién contará su generación?  Porque fue arrancado de la tierra de los seres vivos, y fue herido por la rebelión de mi pueblo.   Y se pensó en sepultarlo con los impíos, pero, una vez muerto, estuvo entre ricos.  Aunque nunca hizo mal, ni en su boca existió engaño.   Pese a todo, YHVH quiso quebrantarlo, sometiéndolo a sufrimiento.  Después de poner su vida en expiación por el pecado, verá a su descendencia, vivirá largos días, y la voluntad de YHVH será prosperada en él.  Tras la aflicción de su alma, verá la vida [4], y quedará satisfecho.  Mediante su conocimiento justificará mi siervo a muchos, y llevará sus pecados.

       (Isaías 53, 1-11).

 

 

Los pasajes anteriores, escritos varios siglos antes de Jesús (ocho o cinco, según el autor a que se atribuyan), se refieren a un personaje de características aparecen bien perfiladas.  Por un lado, restauraría al Israel extraviado (y por ello no puede ser identificado con Israel o el pueblo judío); por otro, su misión incluiría además la salvación de los no-judíos.  Además traería una nueva Ley.  Aunque daría la sensación de que era ejecutado por Dios, en realidad, estaría muriendo expiatoriamente por los pecados de Israel.  No se opondría a que lo ejecutaran y, aunque debería ser sepultado con criminales, lo cierto es que su cuerpo acabaría en tumba de ricos.  Su muerte, sin embargo, no sería el final de la historia.  Tras expiar con ella el pecado, "vería luz", es decir, volvería a la vida, resucitaría, y serviría de salvación a muchos.

Este siervo, cuya muerte tenía un significado sacrificial y expiatorio, ya había sido identificado con el Mesías antes del nacimiento de Jesús y se había afirmado incluso que su muerte sería en favor de los impíos[5]

En el Enoc etíope, por ejemplo, el "siervo" aparece identificado con la figura del "hijo del hombre" (13, 32-7; 14, 9; 13, 26 con Isaías 49, 2), al que se describe en términos mesiánicos tomados de los cantos del siervo: "luz de las naciones" (48, 4 con Isaías 42, 6), "elegido" (40, 5 con Isaías 42, 1), "justo" (38, 2; 53, 6 con Isaías 53, 11), poseedor de un nombre pronunciado antes de la creación "en presencia del Señor de los espíritus" (48, 3 con Isaías 49, 1), "oculto ante Dios" (48, 6 y 62, 7 con Isaías 49, 2), "vencedor de los poderosos" (46, 4; 62, 1 con Isaías 49, 7; 52, 13-5), etc. 

Sin embargo, la interpretación que veía en el siervo de YHVH al mesías no estuvo restringida, ni mucho menos, a la literatura pseudo­epigráfica.  De hecho, el mayor número de referencias en este sentido se hallan en la literatura rabínica, donde tampoco es raro encontrarse con la idea de un mesías-siervo que sufre.  Así, el siervo de Isaías 42 fue identificado con el mesías por el Targum de Isaías[6] al igual que por el Midrash sobre el salmo 2 y Yalkut II, 104[7].  El Targum veía también en el siervo de Isaías 43, 10 a "mi siervo el Mesías".  

Algo similar sucede con el siervo de Isaías 49 que es identificado con el mesías en repetidas ocasiones.  En Yalkut Shimoni II, 52 b, Isaías 49, 8 es citado como demostración de los sufrimientos del mesías y en Yalkut II, 52 a Isaías 49, 9 es citado como palabras del mesías.  Isaías 49, 10 es citado por el Midrash de Lamentaciones precisamente en conexión con el texto mesiánico de Isaías 11, 12.  Isaías 49, 14 es aplicado mesiánicamente en Yalkut II, 52 c.  Isaías 49, 21 es citado también como mesiánico en Midrash sobre Lamentaciones, en relación con el Salmo 11, 12.  Isaías 49, 23 es conectado con el mesías en Levítico R. 27 y en el Midrash del Salmo 2, 2.

El canto de Isaías 52, 13 a 53, 12 tiene también claras resonancias mesiánicas en la literatura judía.  Isaías 52, 3 es citado como un texto mesiánico en el Talmud (Sanh. 97b).  Isaías 52, 7 es considerado mesiánico por Yalkut II, 53 c.  Isaías 52, 8 es citado como un pasaje referido al mesías por Midrash sobre Lamentaciones, tal y como mencionamos antes.  Isaías 52, 12 es aplicado al mesías en Exodo R. 15 y 19.  Isaías 52, 13 es relacionado expresamente con el mesías por el Targum.  En Yalkut Shim II, 53 c, no sólo se le da también una interpretación mesiánica sino que además se habla expresamente de los sufrimientos del rey mesías.  Isaías 53 es conectado de manera específica con el mesías en el Targum aunque se excluyera la idea del sufrimiento de éste, posiblemente como reacción frente al cristianismo[8].   No fue esa, sin embargo, una postura generalizada.  Así, Isaías 53, 5 se conecta con el mesías en Midrash sobre Samuel y se hace referencia específica a los sufrimientos del mesías.  Este mismo punto de vista aparece reflejado en el Talmud (Sanh 98b) donde los discípulos de Judá ha-nasi todavía conectan Isaías 53, 4 con el mesías.  En cuanto al Midrash sobre Rut 2, 14,  refiere este pasaje a los sufrimientos del mesías, al igual que lo hace Pesiqta Rabbati 36.        

A pesar de la controversia entre el judaísmo y el cristianismo posteriores, esa tradición que veía al Siervo de YHVH como mesías se siguió preservando en ciertos sectores del judaísmo.  Tanto Rashi (en su comentario a Sanh 93) como R. Moshe Cohen Iben Crispin, R. Elías de Vidas, Alsec o Isaac Abrabanel eran asimismo conscientes de que el pasaje del Isaías 53 había sido interpretado tradicionalmente como mesiánico.  Huellas de esta misma exégesis se hallan en el Zohar y en una oración compuesta por Eleazar ben Qualir para el culto de Yom Kippur recogida en algunos sidurim.  

De no menos interés resultan las posibles referencias a la resurrección del Siervo de YHVH.  Así en Isaías 53, 8 y 10, se nos refiere no sólo que el Siervo "fue cortado de la tierra de los vivientes" sino que también, tras su muerte expiatoria, "prolongará sus días" y "verá luz".  La palabra "luz" se halla ausente del Texto Masorético pero debió de pertenecer al original.  Buena prueba de ello es que aparece en la LXX y que está asimismo atestiguada en dos manuscritos hebreos precristianos de la Cueva 1 de Qumran (1QIsª y 1QIsb).  No podemos tener seguridad completa de que tal texto fuera utilizado como "testimonium" de la resurrección del mesías por parte de los primeros cristianos, pero la posibilidad no es, en absoluto, desdeñable[9]

La idea de un mesías-siervo que cumplía las profecías de Isaías no fue, desde luego, inventada por los primeros cristianos para dar explicación a la crucifixión de Jesús y tampoco debía nada al mundo gentil.  Por el contrario, era medularmente judía como se desprende de las fuentes a las que nos hemos referido. 

CONTINUARÁ


[1] Sobre el Siervo, con exposición de distintas posturas y bibliografía, ver: M. D. Hooker, ”Jesus and the Servant”, Londres, 1959; B. Gerhardsson, "Sacrificial Service and Atonement in the Gospel of Matthew" en R. Banks (ed.), ”Reconciliation and Hope”, Grand Rapids, 1974, pgs. 25-35; O. Cullmann, ”The Christology of the New Testament”, Londres, 1975, pgs. 51 ss; D. Juel, ”Messianic Exegesis: Christological Interpretation of the Old Testament in Early Christianity”, Filadelfia, 1988;  F. F. Bruce, ”New Testament Development of Old Testament Themes”, Grand Rapids, 1989, pgs. 83-99; J. B. Green, "The Death of Jesus, God's Servant" en D. D. Sylva (ed.), ”Reimaging the Death of the Lukan Jesus”, Frankfurt del Meno, 1990, pgs. 1-28 y 170-3.

[2]  Nos parece indiscutible que Jesús se aplicó a si mismo el título de “Siervo”.  Así, en términos generales, hacemos nuestra la opinión de C. H. Dodd en ”According to the Scriptures”, Londres, 1952, p. 110, que "no puede ver ninguna base razonable" para dudar de que Jesús "asoció el lenguaje relativo al Hijo del Hombre con el que se había utilizado en conexión con el Siervo del Señor, y lo empleó para expresar el significado y situación, de Su propia muerte que se aproximaba".  Estudios sobre la cuestión manteniendo la misma postura que expresamos aquí en T. W. Manson, ”The Servant-Messiah”, Cambridge, 1953;  L. Morris, ”The Apostolic Preaching of the Cross”, Grand Rapids, 1956, pgs. 9-59; R. T. France, "The Servant of the Lord in the Teaching of Jesus" en ”TynB”, 19, 1968, pgs. 26-52;  I. H. Marshall, "The Development of the Concept of Redemption in the New Testament" en R. Banks (ed.), ”Reconciliation and Hope: New Testament Essays on Atonement and Eschatology presented to L. L. Morris”, Exeter, 1974, pgs. 153-69;   R. Leivestad, ”Jesus in his own perspective”, Minneapolis, 1987, especialmente pgs. 169 ss; F. F. Bruce, ”New Testament developments....”, 1989, pgs. 96 ss.  Asimismo hemos tratado este tema con anterioridad en "Jesús" y "Siervo de Yahveh" en C. Vidal Manzanares, ”Diccionario de las tres religiones”, Madrid, 1993.

[3] Para un estudio de este título desde una perspec­tiva veterotestamentaria, ver:  C. R. North, ”The Suffering Servant in Deutero-Isaiah”, Oxford, 1956;  V. de Leeuw, ”De Ebed Jahweh-Profetieen”, Lovaina-París, 1956; H. H. Rowley, ”The Servant of the Lord and other essays on the Old Testament”, Oxford, 1965, pgs. 1-93.  Sobre la utilización del título por parte de la iglesia primitiva, ver: A. Harnack, ”Die Bezeichnung Jesu als Knecht Gottes und ihre Geschichte in der alten Kirche”, Berlín, 1926, pgs. 212 ss; G. Vermes, ”Jesús el judío”, Barcelona, 1977, pgs, 171 ss; O. Cullmann, ”Christology of the New Testament”, Londres, 1975, pgs. 51 ss; Idem, "Gésu, Servo di Dio" en ”Protestantesimo”, 3, 1948, pgs. 49 ss; W. Zimmerli y J. Jeremias, "The Servant of God" en ”SBT”, 20, 1957, pgs. 43 ss;  T. W. Manson, ”The Servant-Messiah.  A Study of public ministry of Jesus”, Manchester, 1953 y César Vidal, "Siervo de Yahveh" en Diccionario de Jesús y los Evangelios, Estella,  .

[4]  Lit: "luz", según el rollo de Isaías de Qumrán y los LXX.

[5] G. H. Dix, "The Messiah ben Joseph" en ”JTS”, 27, 1926, pgs. 136 ss; W. D. Davies, ”Paul and Rabbinic Judaism”, Londres, 1948, pgs. 247 ss.

[6] P. Humbert, "Le Messie dans le Targoum des prophètes" en ”Revue de Théologie et Philosophie”, 43, 1911, pgs. 5 ss; G. Kittel, "Jesu Worte über sein Sterben" en ”DT”, 9, 1936, p. 177; P. Seidelin, "Der Ebed Jahve und die Messiasgestalt im Jesajatargum" en ”ZNW”, 35, 1936, pgs. 197 ss; H. Hegermann, ”Jesaja 53 in Hexapla, Targum und Peschitta”, Gütersloh, 1954.

[7] La persistencia, que veremos en varios ejemplos, de la idea de un mesías-siervo sufriente en Yalkut no deja de ser sorprendente en la medida en que deja de manifiesto el vigor de esta interpretación.  El Yalkut, cuyas referencias hemos considerado más apropiado mantenerlas en el cuerpo de nuestra exposición en lugar de recogerlas en una sola nota o en un excursus "ad hoc", fue escrito posiblemente por R. Simeón de Frank­fort en el s. XIII y editado por primera vez en Salónica en 1521.

[8] En ese sentido, ver: J. Jeremias, ”The Servant.­..”, p. 71.

[9] En favor de su uso como "testimonium" junto con Salmo 16, 10 o Isaías 55, 3, ver: F. F. Bruce, ”Paul, Apostle of the Heart Set Free”, Grand Rapids, 1990, p.92.

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