Viernes, 23 de Agosto de 2019

Rebelión a bordo

Miércoles, 24 de Julio de 2019

Huele a vacaciones y yo debo dejarles con un libro ideal para esta época.  Al menos, así lo fue para mi hace ya muchos, muchos años.  Debía yo andar por los siete u ocho años – no más - y recuerdo que era un día del Libro.  Paseaba con mi padre por la Plaza Mayor de Madrid cuando mis ojos quedaron atrapados por una llamativa fotografía en la que la blanca silueta de un velero se recortaba contra un cielo hermosamente azul.  El título del libro era Rebelión a bordo.  No es que yo tuviera una idea muy clara de lo que significaba “a bordo”, pero la mera visión del buque me había cautivado.  Mi padre no pudo aclararme de que se trataba aquel volumen aunque luego he pensado que, seguramente, conocía la versión cinematográfica que protagonizaron Clark Gable y Charles Laughton.  Fuera como fuese, la economía doméstica no andaba para muchos dispendios y, desde luego, no me compró el libro.  Pero, a veces, en esta vida es sólo cuestión de esperar porque lo acabó haciendo.  Fue unos cuatro o cinco años después, tras un curso académico razonablemente brillante en lo que a mi se refería.  ¡Qué tiempos aquellos en que podíamos esperar cuatro o cinco años para hacernos con un libro comparados con éstos en que los niños se pueden volver histéricos si de manera inmediata no se les concede un capricho!

Aquel verano, pasado en el Grao de Gandía – uno de los lugares a los que no he vuelto, pero que a casi medio siglo de distancia me trae las evocaciones más dulces - bebí la trilogía formada por “Rebelión a bordo”,  “Hombres contra el mar” y “La isla de Pitcairn”.  Confieso también que soñé con ser Fletcher Christian y con alzarme en armas contra el tiránico capitán Bligh para luego poner rumbo al paraíso de la isla de Pitcairn.  Un año después, esto ya fue en los escolapios, tuve oportunidad de ver la adaptación cinematográfica citada.  No me parecía yo a Gable, pero puedo asegurar que cada paso que dio en la pantalla lo sentí como propio y algo similar me sucedió cuando, años más tarde, vi la versión protagonizada por Marlon Brando.  Cambié de opinión con el paso del tiempo y creo que la culpa la tuvo Anthony Hopkins.  Su versión del motín era que los marinos, ablandados por las delicias del Pacífico Sur y nada deseosos de cumplir con su deber, se habían sublevado.  No sólo eso.  Bligh había sido un verdadero héroe sobreviviendo en el océano a pesar de no contar con instrumentos, armas o comida. Reconozco que a partir de ese momento el motín de la Bounty cambió de perspectiva para mi.  Pudo ser el paso de los años o quizá que Mel Gibson, el nuevo Fletcher Christian, no era como Clark Gable.  O quizá fue la convicción de que no todas las rebeliones están justificadas o dirigidas por los mejores.  Y con todo… y con todo, sueño con tener un verano en que pueda volver a ese libro y gozar del inmenso, indescriptible disfrute que me proporcionaron aquellas páginas.  

 

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