Jueves, 27 de Junio de 2019

Del Olmo no se lo merece

Viernes, 26 de Marzo de 2010

Así se lo decía Pujol a Luis del Olmo en el curso de un programa que me decidió a no volver a escuchar Onda Cero. Pujol, uno de los personajes más nefastos y dañinos de la Historia de España y raíz de buena parte de las desgracias que ahora padecemos, le decía condescendiente a Luis del Olmo que tenía ocupaciones, pero que, como ya había comprometido la entrevista con él, había aplicado el principio de “Del Olmo no se lo merece” y allí estaba ante sus micrófonos. Pujol sabía lo que se decía porque había entregado no pocas concesiones de radio a Luis del Olmo en los años anteriores – a la vez que acosaba a la COPE, a otra COPE muy distinta de la actual – y el locutor del Bierzo había hecho mucho, muchísimo por negar ante toda España lo que el nacionalismo catalán perpetraba un día sí y otro también.

Naturalmente, no se me ocurriría sugerir que Del Olmo cobraba su abyecto comportamiento en emisoras. Lejos de mi ni pensarlo siquiera. Del Olmo sí que reprendió a algún oyente que se atrevió a llamar al programa para quejarse de lo que hacían los nacionalistas. Repito que lo recuerdo porque a partir de ese programa me dije – y lo cumplí – que a Luis del Olmo lo iba a escuchar su madre que en gloria esté. Del Olmo que ha sabido pasar – sin carnet que yo sepa - del Movimiento a la UCD, de la UCD al felipismo, del felipismo al PP y del PP a ZP pasando por Pujol dio muestras repetidas en tiempos recientes de que no podía soportar a Federico. Lo entiendo. La honradez y la cultura de Federico comparadas con… Del Olmo constituyen una afirmación rotunda de que es posible hacer radio sin ser obsequiosos con el poder. Hace unas horas, Luis del Olmo ha sido objeto de un homenaje. En la reunión – creo que en vascuence se dice akelarre – estuvieron presentes Rubalcaba, Iñaki Gabilondo, María Antonia Iglesías, Ónega y tutti quanti. En un momento determinado, Del Olmo comentó que su sueño era la fusión de COPE, Onda Cero y Punto Radio, un extremo que José María García – que lleva siglos en el banquillo y parece que no tirara ya su último penalti – se apresuró a apoyar. A decir verdad, creo que pocas cosas le podrían satisfacer más a la progresía y a los nacionalismos que el proyecto de Del Olmo. A un lado, la izquierda de la SER y de la cadena de Roures que no existe, pero acabará existiendo y, al otro, una derecha emasculada que haga el papel del partido campesino en la Polonia comunista, es decir, lo que el tonto en el sermón, pero además sirviendo de coartada a esta casta política que está hundiendo España a ojos vista. Y lo peor no es que Del Olmo sueñe con semejante engendro sino que el mencionarlo ha resucitado algunos de los peores temores y rumores que circularon por COPE antes de que nos echaran a Federico y a mi. No lo había contado hasta ahora, pero entonces se insistía en que la dirección de la casa no estaba cometiendo un error mayúsculo al echarnos a los dos, sino que perseguía de manera consciente y decidida arruinar COPE para luego, hecha unos zorros, venderla a precio de saldo a Vocento. Incluso se mencionaban algunos nombres del PP que, supuestamente, veían con buenos ojos la operación. No creí yo aquello entonces porque no me entraba en la cabeza que los obispos fueran tan rematadamente necios como para permitir que les quitaran el pan de debajo del sobaco – y perdonen ustedes el casticismo – y tampoco pensaba que hubieran cedido al sector nacionalista de la Conferencia episcopal y pensaran liquidar COPE. Sigo resistiéndome a creerlo, pero las palabras de Del Olmo han vuelto a desatar esos rumores como si se correspondieran a una realidad. Insisto: me niego a creerlo. Sería demasiado grave. Al parecer, al final del homenaje a Del Olmo, hubo gente que pidió a gritos que Rubalcaba le diera alguna medalla, la que fuera. Teniendo en cuenta que a la gente de la UMD le han concedido una condecoración militar por su valentía, no veo por qué no. Del Olmo se lo merece.

 

He observado que algunas de las personas que participan en mi blog utilizan un vocabulario innecesariamente soez. Al regreso de la Semana Santa, intentaré corregirlo. El español es una lengua lo suficientemente rica para expresar cualquier tipo de sentimientos y sensaciones sin recurrir a la grosería. Permítaseme que yo la evite en este blog.

 

Observo también con cierta desazón que hay gente que se dedica a reivindicar instituciones como la Inquisición. Yo comprendo que existan personas que se sientan heridas al ver cómo se vapulea nuestra Historia. Sin embargo, tal conducta no puede justificar el pasar al extremo opuesto. La leyenda negra no era completamente cierta empezando porque Fray Bartolomé de las Casas o era un embustero o era un enfermo mental (por ahí se inclinaba Menéndez Pidal) que veía mal el maltrato a los indios (con razón) y luego proponía traer esclavos de África para cultivar la tierra. El modelo de los puritanos de colonización personal no le entraba en la cabeza al dominico que tanto daño hizo a la imagen de España y es obligado corregir sus afirmaciones. Sin embargo, de ahí no se puede derivar hacia la leyenda rosada. Desgraciadamente, la situación de los indígenas al sur del río Grande – con mestizaje y todo – es muy inferior a la de los de Estados Unidos y no digamos ya el Canadá. Cualquiera que visite hoy las reservas de los apaches en Nuevo Méjico o la de los mikosukis en Florida sabe que no fueron más afortunados los que se encontraron con la colonización española. De ahí, las estupideces indigenistas de Morales y el eco que encuentran.

Sobre el tema de la Inquisición, mejor no hablar. La institución era repugnante hasta la médula, no se puede justificar con análisis comparativos – sería como decir que Auchswitz no fue tan grave porque Stalin deportaba a la gente al GULAG, pues no Auchswitz y el GULAG fueron infiernos creados por los hombres a los que no se debe volver jamás – y fue una bendición que los liberales la abolieran. Y no sólo fue la represión ideológica sino la manera en que sumió al pueblo español en el cerrilismo durante siglos descolgándolo del tren europeo. Basta repasar los procesos para percatarse de que hubo católicos ejemplares – de los herejes ya ni hablo – a los que arruinó la vida porque algún fanático los puso en el punto de mira. Al respecto, leer la última – y mejor – novela de Miguel Delibes que es El hereje puede constituir el inicio de una buena terapía.

 

He observado también que hay gente interesada en la controversia teológica. La teología es una de mis áreas de trabajo desde hace décadas y no tengo nada que objetar, pero yo no me como la ensalada en el mismo plato que la sopa. Para los que deseen profundizar en esos temas, les sugiero que sigan mi sección semanal en http://www.protestantedigital.com . Aquí, sugeriría que nos ciñamos a temas como la cultura, la Historia, la política o la economía.

Creo que mi actitud resultará comprensible si se tiene en cuenta la manera en que abordaron los contertulios y yo mismo el tema de la pederastia en la tertulia del miércoles de esta semana. Me negué a entrar en consideraciones de carácter teológico o doctrinal y situé el tema en sus coordenadas sociales y, sobre todo, jurídicas. Personalmente, no apoyo el celibato porque la misma Biblia indica que los obispos deben ser casados y tener hijos (I Timoteo 3, 1-7) y hasta bien avanzada la Edad Media la idea del celibato era implanteable – a decir verdad, lo sigue siendo en la iglesia católica de rito oriental, en las iglesias ortodoxas y en las orientales amén de las reformadas – pero creo que la actuación interna de una confesión – la que sea – en relación con las condiciones que deben seguir sus clérigos son cosa suya y hay que respetarla. Ponerse a atacar el celibato porque hay sacerdotes pederastas es una solemne majadería. Ponerse a minimizar el hecho por cálculo estadístico no tiene nombre a menos que consideremos que el terrorismo no significa nada porque los vascos asesinos son muy pocos en comparación con los etarras o que la violación carece de relevancia porque muy pocas relaciones sexuales son sin consentimiento. Ponerse a ocultar los hechos para salvar la imagen de una institución es un grave error, pero además constituye una acción ilegal y una vileza moral. En ese sentido, Benedicto XVI da toda la apariencia de hacer lo que se debió llevar a cabo tiempo atrás. Al principio, limpiar la basura puede desprender un tufo casi insoportable, pero, a medio plazo, es mucho mejor y, entre otras cosas, evita contraer enfermedades.

 


Continúa la batalla por la reforma sanitaria en Estados Unidos. Reproduzco a continuación sendos artículos publicados en La Razón y El economista sobre el tema.

EL DESASTRE SANITARIO DE OBAMA

César Vidal

Que en España existe una ignorancia más que acentuada de lo que son los Estados Unidos admite poca discusión. Por desgracia, son millones los que se han formado una idea de la nación de las barras y las estrellas partiendo de una mezcla formada por episodios de series televisivas y por un antiamericanismo barato que en España siempre ha tenido muy buena prensa en la derecha y en la izquierda. Como no podía ser menos, esa ignorancia supina ha hecho acto de presencia también al analizar la reforma sanitaria de Obama. El incienso ha venido desde periódicos “progresistas” que afirmaban que la sanidad en Estados Unidos era “tercermundista” – majadería mayor no la pare madre – o desde otros medios en el otro extremo del arco político cantando el final de una injusticia histórica. Semejantes análisis son, a la vez, falsos e ignorantes. Falsos porque no reproducen lo que es la situación de la sanidad en Estados Unidos. Antes de Obama, los sectores de población por debajo de los 18 años y por encima de los 65 tenían ya un servicio sanitario que nada, absolutamente nada, tiene que envidiar al español. Entre los 18 y los 65, el 85% de la población cuenta con servicios médicos que costean las empresas en las que trabajan. El porcentaje restante corresponde a gente que decide no pagar un seguro de manera voluntaria – generalmente, estudiantes a la busca del primer empleo – o inmigrantes ilegales que temen la expulsión del país. Por si todo lo anterior fuera poco, yo he tenido ocasión de comprobar como a la entrada de los hospitales públicos y privados en Estados Unidos cuelga un cartel (a veces en inglés y español porque no es Cataluña) donde se informa de que los que no tengan medios recibirán asistencia gratis. Afirmar que en Estados Unidos no hay servicios médicos para todos es, pues, una burda mentira. Pero además todo está va ligado a una ignorancia absurda sobre la base de la cultura norteamericana que no es otra que la visión rezumante de libertad del puritanismo anglosajón. Para el norteamericano medio, a diferencia del izquierdista, del demócrata-cristiano o del partidario de fórmulas autoritarias, no existe un poder estatal que pueda ser benévolo. Tampoco cree en instituciones que se ocupen de regular nuestras vidas desde la cuna a la tumba ya que todas tienden por su propia naturaleza a quedarse con nuestro dinero y aumentar despóticamente sus competencias. Por lo tanto, miran con enorme desconfianza un proyecto de ley que va a costar el 19 % del PIB norteamericano, que no incluye medidas para evitar el fraude y que además obliga a los ciudadanos a hacer lo que no quieren. Por eso, más del 60% de la población es contraria a la reforma y para que ésta haya avanzado en el congreso Obama ha tenido que prometer a los congresistas católicos del partido demócrata que no pagara abortos con dinero público. Por eso, sobre todo, el proyecto es difícil que, al fin y a la postre, salga adelante. Quizá es difícil de entender en una España donde el peso social de la iglesia católica - que en el s. XVIII repartía la sopa boba de los conventos al ochenta por cien de algunas poblaciones - ha sido sustituido, en no escasa medida, por un PSOE que creó el PER. Pero es que millones de norteamericanos creen, como Alexander Hamilton, que la finalidad fundamental de la constitución es “defender al ciudadano del gobierno”.

 

DOS COSMOVISIONES

César Vidal

Hace años que llegué a la conclusión de que para el español medio resulta imposible entender a los Estados Unidos. Semejante incomprensión va de la izquierda a la derecha y, a mi juicio, tiene una razón obvia: la diferencia de cosmovisión. La española nace de la iglesia católica que, para lo bueno y para lo malo, ha modelado siglos de nuestra existencia nacional. Bajo su tutela, generaciones de españoles han aprendido que existe un poder político benévolo – la iglesia católica y, generalmente, la monarquía apoyada por ella – y que ese poder político tiene derecho a regular nuestra vida desde la cuna a la tumba a cambio de cuidar de nosotros. Esa cosmovisión pesa tanto en nuestro carácter que cuando la iglesia católica comenzó a perder terreno frente a sus enemigos – la masonería y la izquierda – esa visión no varió ya que tanto las logias como las Casas del pueblo también ansiaban dirigir la vida de las masas desde el nacimiento hasta el funeral a cambio de cuidar de ellas. Eso explica, en no escasa medida, el triunfo del PSOE en regiones católicas donde la asistencia de la sopa boba multisecular ha sido sustituida por el PER y sucedáneos. ¡Siempre una élite que sabe todo, regulando nuestra existencia y cuidándonos maternalmente! Estados Unidos, por el contrario, nace de una visión medularmente protestante, la del puritanismo anglosajón. Por eso, no cree en el poder político y lo mantiene dividido según un sistema de frenos y contrapesos y afirma, como Alexander Hamilton, que la finalidad de la constitución no es dar a los ciudadanos sino protegerlos del gobierno. Si a esa circunstancia se añade una ética del trabajo surgida de la Reforma del s. XVI frente la idea del trabajo como castigo de Dios - ¡hasta finales del s. XVIII tuvo que esperar España para que Carlos III decretara que el trabajo manual no era infamante! – se comprende casi todo. El norteamericano es emprendedor, cree en la empresa, confía en la Providencia y desconfía del poder político. El español aspira en un porcentaje no pequeño a ser un cómodo funcionario con pesebre fijo a costa del contribuyente. Por eso, aquí se aplaude la reforma sanitaria de Obama; por eso, allí más del sesenta por ciento está en contra.

 


Y nada más por hoy. Se acerca la Semana santa. Intenten leer los Evangelios para saber lo que sucedió por esas fechas en Jerusalén hace casi dos mil años y como digo al final de Regreso a Camino del Sur: God bless ya!! (¡Que Dios les bendiga!).

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