Miércoles, 26 de Junio de 2019

Jesús, el judío (XX)

Domingo, 18 de Noviembre de 2018

Los Doce (II):  la identidad de los Doce

Los nombres de los Doce aparecen consignados en cuatro listas diferentes recogidas en Mt 10, 2-4, Mc 3, 16-9, Lc 6, 14-16 y, posteriormente, Hechos 1, 13, donde se omite a Judas Iscariote.  Juan no da ninguna lista, pero menciona a los "Doce" como grupo (Jn 6, 67; 20, 24) y en el mismo sentido se perfila la tradición que conocía décadas después del episodio Pablo de Tarso (1 Cor 15, 5).  

Convencionalmente, se han solido dividir las listas en tres grupos de cuatro y ése es el sistema que seguiremos aquí.

En el primer grupo de cuatro, el apóstol mencionado en primer lugar es siempre Simón, cuyo nombre fue sustituido por el sobrenombre "Petrós" (piedra), seguramente una traducción del arameo "Kefas".  Este cambio debió ser muy antiguo y, de hecho, las fuentes lo sitúan en el período de la vida de Jesús.  Como ya vimos, Pedro fue seguidor de Juan el Bautista y uno de los primeros que se unieron a Jesús.  Todo indica que durante unos meses regresó a su trabajo como pescador que acabó abandonando para seguir totalmente a Jesús[3].

Asociada muy de cerca a la figura de Pedro se halla la de su hermano Andrés[4] (Jn 1, 40ª1; Mc 1, 16).  También fue él discípulo de Juan el Bautista y uno de los primeros seguidores de Jesús, pero no tenemos muchos más datos sobre él. 

Santiago y Juan eran, como los dos hermanos anteriormente citados, pescadores en Galilea (Mc 1, 19).  Se ha especulado con la posibilidad de que su madre (Mt 27, 56) fuera la Salomé, hermana de la madre de Jesús (Mc 15, 40; Jn 19, 25).  De ser exacto este dato, Santiago y Juan habrían sido primos de Jesús.  No obstante, la hipótesis no resulta del todo segura. 

En el segundo grupo de cuatro, nos encontramos, en primer lugar, con Felipe.  Originario de Betsaida, parece haber sido un amigo íntimo de Andrés (Jn 1, 44; 6, 5-8; 12, 22).  También fue una de las primeras personas que siguieron a Jesús.  En cuanto a Bartolomé, carecemos de datos, aunque es muy posible que sea el mismo personaje que Natanael, otro de los primeros seguidores de Jesús (Jn 1, 45-6; 21, 2).  Con todo, las fuentes patrísticas manifiestan posturas encontradas sobre el tema y no se puede rechazar la posibilidad de que se trate de dos personas distintas, siendo Natanael alguien ajeno al grupo de los Doce.

Sobre Tomás, denominado "el gemelo" en Jn 11, 16 y 20, 24, carecemos también de datos previos a su elección como apóstol, aunque las fuentes refieren aspectos de considerable interés. 

Mateo es el Leví de otras listas, un antiguo publicano que ejercía en Galilea y que, como ya vimos, dejó su ocupación para seguir a Jesús.

Por lo que se refiere al tercer grupo de cuatro, tanto Simón el cananista como Santiago de Alfeo no parecen ocasionar problemas en cuanto a su identidad histórica.   No puede decirse lo mismo del personaje situado en décimo lugar en Mateo y Marcos y en undécimo en Lucas y Hechos.  En las distintas fuentes aparecen tres nombres (Lebeo, Tadeo y Judas).  Para explicar - carecemos de referencias alternativas – esta discrepancia, se ha recurrido incluso a una supuesta falta de memoria[5].  Lo más posible, sin embargo, es que debamos identificar a Tadeo con Judas el hermano de Santiago, siendo Lebeo sólo una variante textual [6].  De ser así, Judas se habría llamado Lebeo – del hebreo leb, corazón – y Tadeo habría sido un sobrenombre derivado a su vez de Todah, alabanza.  Cabe la posibilidad de que Simón el cananista fuera hijo de Cleofás y hermano de Santiago y Judas Lebeo-Tadeo, según la posición en el listado de los Doce y el testimonio de Hegesipo (HE, III, 11; IV, 22).  Estos tres eran primos de Jesús si aceptamos el testimonio de Hegesipo de que Cleofás era hermano de José y los hijos de Zebedeo también lo serían ya que Salomé, la madre de los hijos de Zebedeo, era hermana de María, la madre de Jesús.   

Finalmente, hay que hacer una referencia a Judas Iscariote[7].    De entrada, el nombre – Yehudah en hebreo - era relativamente común en la época.  No sólo correspondía a uno de los doce patriarcas del que partió la tribu de Judá, sino que también había sido el de alguno de los grandes personajes judíos como fue el caso de Judas Macabeo, el héroe de la resistencia contra Antíoco IV Epífanes a mediados del s. II a. de C.  El sobrenombre Iscariote – Ishkariot – ha sido objeto de diversas interpretaciones.  Algún autor imaginativo ha insistido en considerarlo una corrupción del término “sicarius” lo que lo convertiría en un terrorista judío integrado en el grupo de Jesús.  Literariamente, la hipótesis es atractiva, pero no se sostiene en términos históricos.  En realidad, ishkariot tan sólo significa el “hombre de Kariot”, una pequeña localidad judía no lejos de Hebrón (Josué 15, 25).   Así, Judas sería el único discípulo procedente de Judea, mientras que los otros eran galileos.

Es bastante posible que el sobrenombre fuera de origen familiar porque la fuente joánica – que presenta datos extraordinariamente interesantes sobre el personaje – lo relaciona con un tal Simón, padre de Judas (Juan 6, 71; 13, 26).  Este Simón es, muy posiblemente, el fariseo al que se refiere Lucas 7, 36-50 y sobre el que volveremos más adelante.  Este hecho hace que sea muy posible que Judas recibiera una educación propia de los fariseos, más estricta que la del resto de los apóstoles, que iban de gente piadosa que incluso había seguido a Juan el Bautista a publicanos como Mateo. 

En su conjunto, el grupo de los Doce pasaría a la Historia como los apóstoles, una circunstancia que, de manera nada sorprendente, engarzaba con la tradición religiosa de Israel.

CONTINUARÁ


[3]  Un acercamiento a las fuentes sobre Pedro en R. Pesch, "Simon-Petrus", en ”TAG”, 1980, pgs. 112-24; R. E. Brown, K. P. Donfried y J. Reumann, Pedro en el Nuevo Testamento, Santander, 1976; C. P. Thiede, Simon Peter, Grand Rapids, 1988. 

[4]  P. M. Peterson, Andrew, Brother of Simon Peter, Leiden, 1958.

[5]  R. E. Brown, "The Twelve and the Apostolate" en ”NJBC”, Englewood Cliffs, 1990, p. 1379.

[6] A. T. Robertson,  Una armonía de los cuatro Evangelios, El Paso, 1975, pgs. 224-6.  En el mismo sentido, M. J. Wilkins, "Disciples" en ”DJG”, p. 181.

[7]  Sobre el personaje, el estudio más complete en castellano es C. Vidal, Jesús y Judas, Barcelona, 2007.

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