Viernes, 21 de Junio de 2024

Mijaíl Bulgákov, in memoriam

Miércoles, 10 de Marzo de 2021

Corría el año 1940, y más concretamente, un 10 de marzo como hoy cuando murió en Moscú, el escritor ruso Mijaíl Afanásievich Bulgákov.  Nacido el 15 de mayo de 1891, Mijaíl Bulgákov fue el hijo primogénito de una familia de siete hermanos.  Su padre,  Afanasi Bulgákov fue profesor asistente en la Academia de Teología de Kiev además de ensayista, pensador y traductor de textos religiosos. Su madre, Varvara Mijáilovna Bulgákova, también fue profesora y sus abuelos habían sido clérigos de la iglesia ortodoxa rusa.

    A pesar de la conexión religiosa de su familia o quizá por eso mismo, Mijaíl Bulgákov se sintió atraído desde la infancia por el teatro y la ópera.  Así, comenzó a escribir comedias de niño mientras se enfrascaba en la lectura de autores clásicos rusos como Gógol, Pushkin, Dostoyevski, Saltykov-Schedrín o el inglés Dickens.

    Huérfano de padre desde 1907, Mijaíl Bulgákov ingresó dos años después en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kiev, concluyendo brillantemente sus estudios y consiguiendo una plaza de médico en el Hospital Militar de Kiev.

     En 1913, Bulgákov contrajo matrimonio con Tatiana Lappa y, unos meses después, al estallar la primera guerra mundial, se ofreció voluntario como médico en la Cruz Roja.  Destinado en el frente, Bulgákov fue herido de gravedad en dos ocasiones. El enorme dolor causado por las secuelas de las heridas lo arrastró al consumo de la morfina lo que derivaría en una adicción que logró vencer en 1918 cuando se administró esta droga por última vez.

    Al estallar la revolución rusa, Bulgákov, al igual que sus hermanos, se alistó en el ejército blanco que combatía contra los bolcheviques de Lenin siendo enviado en 1919 al norte del Cáucaso.  La derrota militar arrastró a una parte de su familia al exilio en París.  Mijaíl Bulgákov recibió invitaciones de los gobiernos de Francia y Alemania para exiliarse y trabajar como médico en estos países, pero los bolcheviques se lo impidieron alegando que lo necesitaban para combatir la epidemia de tifus.  Así, nunca más volvió a ver a sus hermanos y a su madre.

    En 1921, Mijaíl Bulgákov se trasladó a Moscú con su esposa. No tenía dinero ni perspectiva de conseguirlo en medio de la revolución y la guerra civil.  Si consiguió sobrevivir el primer invierno se debió a que el matrimonio pudo quedarse en una habitación que un cuñado suyo tenía alquilada en un piso comunitario.  Cerca de su modestísimo alojamiento estaba el Estanque del Patriarca que aparecería en la primera escena de El maestro y Margarita, su mejor novela.  

     En 1925, Mijaíl Bulgákov se divorció de su esposa para casarse con Lyubov Beloziórskaya.  Ese mismo año, se publicó su novela Los huevos fatalesdonde se burlaba abiertamente del ínfimo – y peligroso – nivel al que habían llevado los bolcheviques la investigación científica. La obra fue muy popular, pero cosechó una tempestad de críticas aceradas por razones ideológicas. 

    Al año siguiente, Bulgákov estrenó una adaptación teatral de su novela  La guardia blanca, con el título Los días de los Turbín.  El drama resultaba extraordinario porque sus protagonistas eran todos rusos que combatían en el ejército blanco contra los bolcheviques.  La obra – que con toda lógica debía haber sido prohibida – fue autorizada por Stalin que la interpretó como una clara descripción de la victoria inapelable de los comunistas sobre el ejército blanco.  De hecho, Stalin acudió a verla no menos de quince veces complacido con su trama.

    El drama presentaba por primera vez durante la dictadura comunista a los blancos como seres humanos y tuvo un enorme éxito entre gente que no era cercana a los bolcheviques.  Así entre 1926 y 1927, alcanzó en Moscú la más que estimable cifra de 108 funciones lo que representó una cumbre en aquel año en los teatros de Moscú.  Sin embargo, los medios comunistas la atacaron de manera encarnizada hasta el punto de que recibió no menos de 298 críticas negativas.  En 1929, el teatro – que había resistido las presiones hasta entonces – acabó cediendo y suprimió las representaciones. 

      El 28 de marzo de 1930, Bulgákov envió una carta al gobierno soviético protestando por el tratamiento que había recibido su obra y alegando que sólo había realizado en ella el retrato de una familia al estilo de lo que podía verse en obras clásicas como Guerra y Paz.  Inicialmente, la carta no recibió ninguna respuesta, pero el 18 de abril, poco después de que el poeta Vladímir Mayakovsky se suicidara desilusionado de la dictadura comunista, Stalin telefoneó a Bulgákov para decirle que lo apoyaba y que no abandonara la Unión soviética.  La llamada del dictador georgiano animó a Bulgákov, pero la realidad era que su carrera profesional como escritor había quedado aniquilada. De hecho, su comedia El apartamento de Zoia en la que describía la delincuencia nacida al calor de la Nueva Política Económica de Lenin también había desaparecido de cartel ferozmente criticada.

     Sin medio de subsistencia alguno, en 1932, Bulgákov se casó por tercera vez, en esta ocasión con Yelena Shílovskaya, quién sería la inspiración del personaje Margarita en su novela más famosa.  Durante la década de los años treinta – la última de su vida – Bulgákov no sólo siguió escribiendo El maestro y Margarita sino que además dejó su genial impronta en obras dramáticas, críticas y cuentos e incluso llegó a realizar traducciones para poder subsistir.  Buena parte de su obra no pudo ser publicada y cuando, ocasionalmente, se dio esa circunstancia, la crítica la trituró por razones ideológicas.

    El NKVD, sucesor de la Cheká y antecesor del KGB, mantuvo un acoso constante sobre el escritor.  Así Bulgákov fue detenido en más de una ocasión, su domicilio fue registrado y sus obras condenadas al ostracismo. Cuando se inició el período de las grandes purgas, Bulgákov salvó la vida quizá porque una de sus comedias – que llegó a representarse – contaba la Historia de Iván el terrible que aparecía ahora por las calles de Moscú.  La apelación a la figura del zar – sobre el que el director de cine Eisentein realizaría dos películas – es posible que lo salvara al interpretarse como un apoyo a Stalin.  Lo cierto es que buena parte de los escritores conocidos, incluido alguno como Bábel que había combatido en la caballería del ejército rojo, fueron en esa época fusilados o enviados al GULAG.  

      Durante aquellos años de silenciamiento y escasez, Bulgákov escribió sus mejores obras.  Por ejemplo, su novela Corazón de perro criticaba con un sentido del humor digno de Gógol el poder soviético simbolizado en el comunista que no es sino un perro al que se le han transplantado partes de un ser humano.  La obra no pudo ser publicada en la Unión soviética hasta 1987, es decir, más de sesenta años después de su redacción y casi medio siglo después de la muerte de Bulgákov.

    Con todo, fue El maestro y Margarita la novela a la que dedicó su mayor esfuerzo.  Auténtica obra maestra, El maestro y Margarita narra la visita del mismísimo Diablo a Moscú en compañía de varios de los demonios a sus órdenes nada menos que durante la época de gobierno de Stalin en los años treinta.  La burla irónica que Bulgákov realiza del sistema soviético y, en especial, de sus escritores e intelectuales; la exposición de cómo los hombres nuevos del sistema comunista siguen soñando con consumir y enriquecerse y el descubrimiento de cómo el Diablo es capaz de narrar la pasión de Jesús de la misma manera que lo haría un teólogo liberal son sólo algunas de las muestras de brillante genialidad de una de las mejores novelas no sólo del siglo XX sino de la Historia de la literatura universal. 

    Bulgákov ha sido llevado varias veces al cine.  De Los días de los Turbín hay una versión soviética excelente y una buena, pero menos sólida ya posterior al colapso de la URSS y titulada La huida.  De Corazón de perro con enorme diferencia la mejor versión es una rusa aunque existió una italiana que, a mi juicio, es muy floja.  Por lo que se refiere a El maestro y Margarita en los años setenta se filmó una versión italiana protagonizada por Hugo Tognazzi y de la que debo decir que lo único que me gustó fue la actriz que interpretaba a Margarita porque la película está lejísimos de la letra y el espíritu de la novela.  Sí existe una serie rusa que recomiendo vivamente – la he visto cuatro veces – porque es excelente.  En youtube está en el original ruso y en una versión doblada al inglés.  Incluso hay alguno de los capítulos en ruso con subtítulos al español, pero, lamentablemente, no he podido encontrarla entera en español o con subtítulos en esta lengua.  Finalmente, se puede encontrar en DVD en Amazon.com en ruso y con subtítulos en inglés.  La barrera idiomática es innegable, pero hay que reconocer que merece la pena verla porque es una realización de primerísima calidad en todos los sentidos.  Yo confieso que me emociono siempre que la vuelvo a ver.  Pero continuemos con Bulgákov.     

     Desde 1937 a 1939, la vida de Bulgákov se convirtió en todavía más difícil.  A la represión que veía desatada a su alrededor, se sumaron la angustiosa escasez económica, la asfixiante censura oficial, los encarnizados ataques ideológicos y un estado de salud cada vez más deteriorado.  En mayo de 1939, ofreció una sesión privada de lectura de El maestro y Margarita y anunció que al día siguiente intentaría publicarla.  De manera inmediata, alguno de los presentes le aconsejó que no se le ocurriera dar tal paso porque podría tener consecuencias fatales.  

    Como era de esperar, El maestro y Margarita no pudo publicarse en vida de Bulgákov y sólo en 1966, apareció en la Unión soviética recortada por la censura en más de sesenta páginas.  La edición se publicó por entregas y la primera que contaba con una tirada de ciento cincuenta mil ejemplares se agotó en apenas unas horas.  En paralelo, las sesenta páginas cortadas del texto publicado se distribuyeron de manera clandestina por la Unión soviética.   En 1973, la obra se publicó completa, pero en Occidente.

     Los últimos meses de su vida, Bulgákov padeció una nefroesclerosis a la que quizá tenia predisposición genética ya que también su padre había fallecido de esa dolencia.  Sin poderse mover de la cama, al lado suyo se turnaron amigos y admiradores hasta que falleció.  Tenía tan sólo 49 años.

     En un día como hoy, aniversario de su muerte, recordar a Bulgákov es una manera de rendir tributo no sólo a su aporte incomparable a la Historia de la literatura rusa y universal sino también al de todos aquellos escritores que contemplaron la censura de sus obras por la maldad totalitaria, que se vieron lanzados al exilio, que se encontraron reducidos a la miseria, que acabaron en la cárcel o el paredón, y que incluso no pocas veces fueron sumidos de la manera más injusta en el olvido. 

     La permanencia del éxito de Bulgákov convierte en realidad una de las afirmaciones contenidas en El maestro y Margarita, aquella que afirma que los manuscritos no arden queriendo decir con ello que las obras literarias – siquiera algunas – sobreviven a las hogueras de la persecución sean del signo que sean.   

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