Sábado, 20 de Julio de 2019

Resurrección

Miércoles, 26 de Junio de 2019

¿Es posible enmendar las faltas cometidas a lo largo de la vida?  ¿Cabe la posibilidad de remontar el pasado y corregir acciones que causaron la desgracia de otros?  ¿Hay esperanza de resurrección en un mundo donde el mal está presente muchas veces más a consecuencia de la dejadez y de la ignorancia que de la iniquidad?  Todas y cada una de esas preguntas han recibido respuestas diversas a lo largo de la Historia.  Tolstoi, en su última novela, Resurrección, quiso dar una contestación de limpia esperanza asentada en la enseñanza de los Evangelios. 

No sólo predicaba Tolstoi sino que daba trigo porque también decidió donar los derechos de autor a unos objetores de conciencia rusos que pensaban emigrar a América.  Es cierto que la mujer del escritor puso el grito en el cielo ante esa conducta, pero no parece que a Tolstoi – que había repartido previamente sus tierras entre los campesinos – le importara gran cosa.  Desde luego, ninguna de esas circunstancias domésticas empaña el contenido de una de las mejores novelas tolstoianas.  A decir verdad, podría decirse que Resurrección es ya la quintaesencia del pensamiento del gran autor.  Lo que en Ana Karénina era mera intuición, lo que se fue desvelando en cuentos como El padre Sergio o en alguna de sus obras filosóficas que no se han editado en castellano quizá porque eran demasiado espirituales aparece recogido en Resurrección, en apariencia, la historia de un error judicial y, en la práctica, una de las reflexiones más lucidas que se han escrito sobre la naturaleza humana y el camino de la redención.  De manera bien significativa y, a pesar de su claro contenido evangélico, la novela no fue prohibida en la URSS porque estaba más que consagrada como clásico literario.  Incluso se realizó algunas versión cinematográfica.  Merece, desde luego, la pena leer Resurrección de la que si no me falla la memoria se realizó una adaptación televisiva que pueden encontrar en la página web de RTVE.  Leí Resurrección siendo un adolescente – he vuelto a la novela en diversas ocasiones – y me marcó profundamente, tanto que podría decir que durante años fui un convencido tolstoiano cuando los seguidores del escritor ya habían desaparecido de Rusia por efecto del triunfo bolchevique.  Sin duda, es lo que tienen las obras maestras y es que influyen en nosotros incluso cuando hace mucho que los que las redactaron duermen a la espera de la otra resurrección, la de la carne. 

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