Martes, 2 de Junio de 2020

Mis libros: El talón de Aquiles

Martes, 15 de Abril de 2014
Por regla general, siempre he decidido los temas de los libros que he escrito, pero, ocasionalmente, no he tenido inconveniente en escuchar las sugerencias que me han formulado las editoriales. Por regla general – para ser sinceros – las he rechazado porque no me parecían interesantes, pero reconozco que alguna estaba bien pensada. Es el caso de El talón de Aquiles.

En aquel entonces, la editora en cuestión era una antigua secretaria de años de Patricia Highsmith aparte de persona culta e inteligente. Un día me citó a tomar un café y me comentó que había un libro que podría ser muy interesante y que sólo yo podía escribir. Sería una obra donde se mostrara como determinadas personas de considerable relevancia histórica habían padecido, sin embargo, dramas españoles. “Un talón de Aquiles…”, dije yo viendo como la editora asentía inmediatamente. La idea me pareció muy sugestiva y la acepté. El resultado fue El talón de Aquiles. En sus páginas, se recogía cómo determinados personas habían tenido un punto débil que había marcado su existencia en ocasiones venciéndolo, como Dostoyevsky, o siendo derrotados por él. Las historias eran poco conocidas. Por ejemplo, muchos esperarían que el talón de Aquiles del citado autor ruso fuera su epilepsia. Pero no fue así. su gran drama fue la ludopatía que acabó venciendo, en parte, por su fe y, en parte, por su esposa Anna, una de las mejores más extraordinarias que ha habido y que fue la esposa que yo hubiera deseado tener. En otros casos, la Historia oficial los ha pintado con colores tan positivos que no es fácil aceptar que eran tarados. Es el caso de Felipe II. Posiblemente, es el rey más dañino de la Historia de España, pero se sigue insistiendo en su carácter meritorio. A decir verdad, su fanatismo lisió a la nación de tal manera que a día de hoy no ha conseguido superarlo. También aparecían los casos de aquellos que no supieron manejar su talón de Aquiles. Fue el caso de la homosexualidad de Oscar Wilde. Para otras personas, esa misma condición sexual no se ha traducido en un drama. Sin embargo, fue la razón de la desgracia de Wilde. Desde el momento en que permitió que Bosey – un personaje despreciable por otra parte – dictara su vida colocó su cabeza en el tajo. La esposa de Wilde, dicho sea de paso, era otra bellísima persona, pero nada pudo hacer para salvar el talón de Aquiles como había sucedido, sin embargo, con Dostoyevsky. Juana la Loca tuvo como talón de Aquiles su amor hacia su marido, Felipe el Hermoso. Lo que ignoramos es si no sufría algún tipo de dolencia psíquica, quizá relacionada con su entorno familiar, que estalló ante su esposo. Por supuesto, en el libro, no faltó tampoco algún personaje cuyo talón de Aquiles fue eso que los griegos denominaron “hybris”, es decir, una soberbia que pierde el contacto con la realidad. Fue el caso de Calígula, pero si el libro se hubiera escrito más tarde podría haber incluido perfectamente a ZP. Al final, la obra presentaba no pocas lecciones y una de ellas es que el trastorno o la maldad no han impedido nunca el relieve de un personaje. Sin embargo, han sido también la causa de su fracaso lo mismo si el protagonista era rey en la España del siglo XVI o dictador en la Alemania del siglo XX. El ser humano, aunque tenga cualidades excepcionales, no es tan fuerte como le gustaría creer.

 

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