Viernes, 13 de Diciembre de 2019

XI.- Infancia, adolescencia y juventud (IV): Jadiya

Viernes, 29 de Noviembre de 2019

Se han discutido en los últimos años no pocos de los datos referidos a Jadiya en las distintas tradiciones islámicas incluido el de la diferencia de edad entre ambos que situan a Jadiya ya en los cuarenta y a Mahoma a mitad de la veintena.  Aunque algunas de las objeciones merecen ser examinadas, podemos concluir que contamos con un terreno relativamente sólido al hablar de la existencia histórica de Jadiya y del papel que tuvo en la vida de Mahoma.  Por ejemplo, podemos dar por cierto que le dio ocho hijos – Zaynab, Omm Keltum, Ruqayya, Fátima, al – Qasim, al-Tahir, al-Tayyib, Abdallah – lo que implicó prácticamente un embarazo anual hasta que falleció.   Esta circunstancia obliga a pensar en una mujer más joven[2].

Jadiya tenía una cierta fortuna que procedía y empleaba en el negocio de las caravanas enviadas con fines comerciales.  Al parecer, cada año [3] se realizaban tres viajes de relevancia.  El primero se dirigía a Busra, en Siria, para aprovechar el mercado de Rashab; el segundo a Suq Hubasah, en Tihama y el tercero, a Shuras, en el Yemén.  Fue en el curso de uno de estos viajes cuando, según una tradición, Mahoma contempló un eclipse de sol – un episodio cuya veracidad ha sido muy cuestionada[4]  - y, con más probabilidad, conoció a un monje cristiano al que algunas tradiciones islámicas atribuyen anécdotas muy semejantes a las que aparecen en otras a las que ya hemos hecho referencia.  Las relaciones de Mahoma con cristianos es uno de los aspectos más sugestivos y, a la vez, más oscuros de su vida, pero resulta más que posible que en esta época y teniendo como ocasión los viajes se encontrara con algunos y pudiera escuchar sus puntos de vista.  Volveremos a hablar de este tema en futuras entregas ya que resultó de notable relevancia.  Debemos ahora volver a Jadiya porque siendo patrona de Mahoma decidió contraer matrimonio con él y le sugirió – es difícil saber si con permiso de su padre Juwalid o sin él [5] – que la pidiera como esposa.  Mahoma parece haber aceptado semejante eventualidad enseguida y, efectivamente, se celebró el enlace que tendría fecundas consecuencias para el joven.

Hasta aquellas fechas, la vida de Mahoma ciertamente no había sido fácil.  Huérfano de ambos padres desde temprana edad, también se había visto obligado a ser un humilde pastorcillo en la infancia para luego, en la juventud, dedicarse al tráfico de caravanas.  Ahora, de repente, se vio elevado a una posición económica acomodada y ese cambio de fortuna le permitió, por ejemplo, centrarse en la meditación y en el examen de diferentes religiones.  Se abría así un período de una década que estaría preñada de repercusiones futuras.  No parece que el patrimonio de Jadiya sufriera especialmente por que su esposo se dedicara a la religión en lugar de al negocio de las caravanas quizá porque éste fue sustituido por otro empleado que asumiera sus funciones.  Según una tradición, por esa época, Mahoma colaboró en la reconstrucción de la Kaaba, el santuario mecano, que, al parecer, se encontraba en ruinas en aquel entonces [6].  Una tradición señala que un día llevaba una gran piedra sobre la cabeza con esa misión.  Como se hacía daño, se quitó la ropa que llevaba puesta y con ella se formó una especie de cojín para colocárselo en la cabeza y mitigar el roce de la piedra.  Al dejar al descubierto sus partes, se habría escuchado una voz – del cielo, según la tradición – que habría señalado el estado en el que se encontraba y habría provocado que se desplomara al suelo de donde fue recogido por sus compañeros.  Con el paso del tiempo, esta anécdota daría lugar a una norma islámica que prohíbe dejar ver a alguien del mismo sexo la parte del cuerpo que va del ombligo a las rodillas. 

En esta época también, al disfrutar de una situación económicamente acomodada y siendo un año de notable carestía,  Mahoma adoptó a petición de su tío Abu Talib, que lo había recogido en la infancia, a su primo Alí b. abi Talib y un hermano suyo al-Abbas Abd-al Muttalib adoptó a Shafar. 

En ese contexto de precariedad, no sufrida por él, pero sí por muchos árabes, resulta ciertamente llamativo que Mahoma se entregara, sobre todo, a la especulación espiritual.  Sin embargo, no debería interpretarse ese comportamiento como una muestra de irresponsabilidad o diletantismo.  A decir verdad, en esa época existía un clima de inquietud espiritual entre los árabes[7] y existían diversas corrientes de monoteísmo de notable relevancia [8].  De entrada, varias tribus árabes habían aceptado el judaísmo como su religión [9].  Igualmente, la presencia del cristianismo era mucho mayor de lo que se ha reconocido habitualmente [10].  A todo ello se sumaba la existencia de personajes que, más o menos legendarios, más o menos reales, buscaban al Dios verdadero sin inclinarse por el cristianismo o por el judaísmo[11].  Por añadidura, no faltaban los que creían en la posibilidad de que surgiera un profeta árabe y sustentaba semejante esperanza en personajes como Hud, Salih y Suayb vinculados a las tradiciones de las tribus de Ad, Tamud y Madyan.  De todos ellos encontramos referencias en el Corán y los jadiz, aunque resulta difícil saber si nos hallamos ante personajes históricos o ante legitimaciones de la aparición de un profeta árabe como Mahoma[12].  Sea como fuese, la búsqueda emprendida por el joven marido de Jadiya encajaba en un contexto de búsqueda y – no cabe duda – su caso cambiaría la Historia de la Arabia de la época.             

CONTINUARÁ


Sobre Jadiya, véase: J. Azzi, La vie privée de Mahomet, París, 2007, pp. 87 ss.  Desde una perspectiva ortodoxamente islámica, puede consultarse T. Kahn, Untold.  A History of the Wives of Prophet Muhammad, Rhinebeck, 2010, pp. 15 ss.

[2]   Véase: J. Azzi, p. 88.

[3]  En ese mismo sentido, J. Vernet, Oc, p. 32.

[4]  En ese sentido, véase: M. Sfar, In Seach of the Original Koran.  The True History of the Revealed Text, Amherst, 2008, pp. 105-116.

[5]  En el mismo sentido, J. Vernet, Oc, p. 33.

[6]  A día de hoy, la discusión sobre el santuario de la Kaaba, la fecha de su construcción y su relación real con Mahoma prosigue.  Un cuestionamiento radical de las tradiciones islámicas en E-M. Gallez, Oc, pp.  291 ss.

[7]  Véase el apéndice.

[8]  Sobre el tema, véase : C. Robin, “Les religions de l´Arabie avant l´islam” en Le Monde de la Bible, 129, sept-oct, 2000, pp. 29-33 ;

[9]  Sobre el tema, véase : M. Lecker, Jews and Arabs in Pre- and Early Islamic Arabia, Aldershot, 1998; Sh. Pines, “Notes on Arabic Christianity” en Jerusalem Studies in Arabic and Islam, Jerusalén, 1984.

[10]  Sobre el tema, véase:  H. Charles, Le Christianisme des Arabes nomades sur le Limes et dans le désert syro-mésopotamien aux alentours de l´hégire, París, 1936 ;  A. Ducellier, Chrétiens d´Orient et Islam au Moyen-Âge, VII-XV siècle, París, 1996 ; A. Havenith, Les Arabes chrétiens nomades au temps de Mohammed, Lovaina la nueva, 1988 ;  F. Nau, Les Arabes chrétiens de Mésopotamie et de Syrie du 7 au 8 siècle, París, 1933 ;  T. Andrae, Les origines de l´Islam et du christianisme, París, 1955 ;    

[11]  T. Andrae, Mahoma, Madrid, 1980, p. 152 ss.

[12]  En ese mismo sentido, de manera muy especial, véase: Y. D. Nevo y J. Koren, Crossroads to Islam: The Origins of the Arab Religion and the Arab State, Armherst, 2003 y K-H. Ohlig y G-R. Puin, The Hidden Oringins of Islam, Armherst, 2010

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