Jueves, 28 de Mayo de 2020

XXIX.- La Hégira (III): La primera mezquita

Viernes, 8 de Mayo de 2020

Hasta aquellos momentos, Mahoma había mantenido un grupo de seguidores que, ciertamente, eran monoteístas, pero que, al menos por lo que se refiere a sus aliados del Yatrib, dudosamente hubieran podido ser calificados de seguidores estrictamente suyos y mucho menos de musulmanes que es un término posterior.  Los límites, sin duda difusos, iban a ser claramente perfilados por Mahoma desde el principio.  Uno de sus primeros pasos pudo ser el de levantar la mezquita de los Banu Amr b. Awf.  La tradición señala que la primera piedra la puso Mahoma con la ayuda de Abu Bakr, Umar y Alí.  El hecho de que estos personajes fueran los tres primeros califas que sucedieron a Mahoma ha llevado a algunos autores a desconfiar de la historicidad del dato[1].

      Según la tradición el viernes 16 de rabi (28 de septiembre) [2] por la mañana, Mahoma montó en su caballo y se dirigió a Yatrib.  Al cruzar el Wadi Ranuna, se percató de que era la hora de la oración.  Se detuvo, pues, y la convocó en lo que se ha considerado la primera jutbah (sermón) de la Historia del Islam.    Mahoma acababa de introducir un elemento relevante en la práctica religiosa de sus seguidores.  Sin embargo, aún pasarían años antes de que la asistencia a la mezquita el viernes se convirtiera en un mandato de obligado cumplimiento.  Por lo que se refiere al viernes como día de descanso no se impuso hasta el siglo XX[3] en un intento claro de oponer un día típicamente islámico al domingo cristiano.

      Tras concluir la jutbah, Mahoma volvió a montar en su camello y, al hallarse en las inmediaciones de Yatrib, soltó las riendas del animal para que éste se dirigiera a donde quisiera.    El camello cruzó casi todo Yatrib y llegó a un mirbad (establo para camellos) que se hallaba en una plazoleta donde, según la tradición, se levanta la Gran mezquita.  En ese lugar, se detuvo el animal para, acto seguido, tenderse en el suelo.  Mahoma descendió y se encaminó a la casa que estaba más cerca.  Pertenecía a Abu Ayyub Jalib b. Zayd al-Nashshari que escuchó como Mahoma le pedía hospitalidad e inmediatamente se la concedió.  Mahoma decidió que en aquel lugar se levantara la primera mezquita[4].  El precio del terreno – que sus dueños no deseaban aceptar - fue de diez dinares de oro que proporcionó Abu Bakr.

     Las tareas de construcción se extendieron desde rabi (octubre) del que, a partir de ahora se consideraría el año 1 de una nueva era (622) a safar del año 2 (finales de agosto de 623).  El edificio contó con una planta rectangular y sus cimientos, realizados en piedra, tenían un metro de profundidad.  Los cuatro muros contaban con una altura de 2,31 mts.  El cuadrado que encerraba tenía una longitud de treinta y tres metros de lado, lo que daba una superficie de unos mil metros cuadrados.  La qibla se orientó hacia Jerusalén – en este caso, el norte – y el mihrab  se cubrió con un pequeño tejado.  Por lo que se refiere al patio estaba expuesto, pero el rigor del sol acabó obligando a tender un techo de hojas de palmera trenzadas y cubiertas con una capa de barro.   La techumbre descansaba sobre troncos rectos de palmera que cumplían la función de columnas. 

      El edificio tenía tres puertas: la del sur – que permanecía abierta poco tiempo ya que, como veremos, Mahoma cambiaría la dirección de la oración de Jerusalén a la Meca - la segunda, que recibió el nombre de Bab Atika o Bab al-Rahma, y la tercera, utilizada por el mismo Mahoma, que fue denominada Bab Al Utman o Bab Shibrili.  En la fachada norte, se colocaron dos habitáculos (hushrat) destinados a las dos esposas que por aquel entonces tenía Mahoma, Sawda y Aisha[5]  Mahoma iría aumentando el número de sus esposas en los años sucesivos aunque las tradiciones no coinciden con la cifra final y algunos estudios llegan a citar un número superior a treinta[6].  Buen número de ellas – es un tanto arriesgado afirmar que todas - recibiría un habitáculo nuevo adosado a la pared oriental de la mezquita y a los que se llegaba cruzando el patio de la mezquita. 

      Durante un tiempo, la mezquita careció de iluminación, pero esa deficiencia fue suplida, primero, con fuego que procedía de hojas de palma y luego, a partir del año 9 (630) con candiles que iban unidos a las columnas[7].   

       La tradición ha transmitido que los seguidores de Mahoma cantaban mientras elevaban el edificio de la mezquita, en especial, un pareado en metro rashaz que afirmaba:

 

    La verdadera vida es la otra vida

    ¡Oh Señor!  Ten compasión de los ansar y los muhashirin.

    

       Según una tradición que tiene aspecto de ser cierta, Mahoma alteraba el orden del pareado mencionando, primero, a los muhashirin y luego a los ansar.  Al ser advertido de que de esa manera rompía la rima y el ritmo, Mahoma se limitó a decir que no era poeta.  Ciertamente, los poetas se habían encontrado entre sus adversarios más encarnizados durante los años de la Meca. 

      Durante el tiempo en que construía la mezquita, Mahoma vivió en la casa de Abu Ayyub que sería vendida al califa Muawiyya (m. 60/579) en mil dinares.  Abu Ayyub era también el encargado de que prepararan la comida a Mahoma cotidianamente.  En este período se han ubicado distintas tradiciones con mayor o menor base histórica como la que retrotrae el derecho marital de prohibir a la esposa comer ajo recogido en distintos códigos islámicos a una ocasión en la que Mahoma se había negado a consumir el alimento que le trajeron alegando que al llevar ajo y cebolla su aliento podría molestar a otros.  Con todo, la anécdota cuenta con cierta verosimilitud ya que Mahoma se estaba convirtiendo en esos días de un predicador monoteísta en un auténtico caudillo político y ampliando el número de temas sobre los que anunciaba normas. 

CONTINUARÁ

[1]  Es el caso, por ejemplo, de J. Vernet, Oc, p. 70.

[2]  La fecha de la tradición no cuadra como ha señalado J. Vernet, Oc, p. 70.

[3]  En ese sentido, J. Vernet, Oc, p. 70.

[4]  Existe otra mezquita también en el lugar donde se pronunció la primera jutbah, pero es posterior.

[5]  El habitáculo de Sawda tendría una historia peculiar.  Al fallecer, la propiedad pasó a Aisha a la que se la había dejado y ésta, tiempo después, se la vendió al califa Muawiyya por ciento ochenta mil dirhemes.

[6]  El autor musulmán J. Akhter, The Seven Phases of Prophet Muhammad´s Life, Oak Brook, 2001, cita doce (Jadiya bint Juwaylid, Sawda bint Zama, Aishah bint Abu Bakr, Hafsa bint Umar, Zaynab bint Juzayma, Umm Salama bint Abu Umayya, Zaynab bint Yash, Yuwariya bint al-Harit, Umm Habibah bint Abu Sufyan, safiyya bint Huyay, Maymuna bint al-Harit y Mariya), un elenco inferior del que hallamos en la también musulmana T. Kahn, Untold.  A History of the Wives of the Prophet Muhammad, Rhinebeck, 2010, que cita catorce.  El autor árabe J. Azzi, La vie privée de Mahomet, Versalles, 2007, documenta con diversas tradiciones un número superior a treinta.  

[7]  La mezquita acabaría siendo iluminada con lámparas grandes, pero sería ya en la época del califa Umar b. al-Jattab.

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