Lunes, 28 de Septiembre de 2020

Pablo, el judío de Tarso (I): Cilicia

Domingo, 30 de Octubre de 2016

Cualquier aproximación al cristianismo primitivo quedaría incompleta sin hacer referencia a Pablo de Tarso. No fue él – como insisten muchos – quien creó el cristianismo, pero sí que resultó un personaje esencial en su expansión en dos continentes. Este domingo, damos inicio a una serie sobre Pablo que se extenderá, Dios mediante, a lo largo de los próximos meses.

Cilicia

En torno al año 57 d. de C., se produjo el arresto de un judío en la ciudad de Jerusalén. Cuando el detenido fue llevado ante el tribuno que mandaba la guarnición romana de la torre Antonia. Inicialmente, el romano pensó que el judío era un egipcio que había intentado recientemente llevar a cabo un golpe de fuerza. Sin embargo, llegó a la conclusión de que debía tratarse de un error cuando le escuchó hablar en griego y entonces procedió a preguntarle quién era. La respuesta fue directa: “Soy judío, de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad de no escasa importancia” (Hechos 21, 39). El hombre que acababa de responder así era un judío y ciudadano romano, nacido en Tarso. A la historia iba a pasar, precisamente, como Pablo de Tarso y tiene una enorme lógica la vinculación de su nombre con la ciudad en la que había nacido.

Cilicia es una región que bordea el Mediterráneo en la zona sureste de Asia Menor y que está formada por dos áreas muy concretas. A oriente se encuentra una llanura fértil llamada Cilicia Pedias, que se encuentra entre el Taurus y el mar. Esa zona tuvo milenariamente una enorme relevancia porque era atravesada por la ruta comercial que unía Siria con Asia Menor. A occidente se encontraba la Cilicia Trajeia o áspera en que el Taurus se precipita al mar.

Cilicia aparece en las fuentes históricas desde fecha muy temprana. Los hititas la denominaron Kizzuwatna y ansiaron siempre su posesión. Primero, la vincularon a su imperio mediante un tratado y, finalmente, se la anexionaron. Permanecería en su interior hasta el desplome del imperio hitita en torno al 1.200 a. de C.. Sin embargo, la desaparición de los hititas no significó un cambio geográfico que hiciera perder a Cilicia su relevancia. En la Ilíada de Homero, los cilicios son aliados de Troya, la gran potencia comercial del Bósforo. Hasta que punto se trataba de una región importante lo tenemos en el hecho de que Andrómaca, la misma esposa del héroe troyano Héctor, era una princesa de Cilicia. Durante el siglo IX a. de C., Cilicia pasó a estar controlada por los asirios que le dieron el nombre de Hilakku [1], pero, como había sucedido con anterioridad, Cilicia permaneció cuando desaparecieron sus dominadores. Desde el s. VI a. de C. al 400 a. de C., Cilicia volvió a ser gobernada por reyes nativos que llevaron el nombre dinástico de Syennesis, pero en la última fecha señalada cayó bajo el poder del imperio persa. Así permanecería hasta que en el 333 a. de C., la victoria de Isso la convirtió en parte de las conquistas del rey macedonio Alejandro Magno. También el imperio de Alejandro se deshizo a su muerte y Cilicia pasó a formar parte de uno de los reinos en que se descompuso, el seleucida.

Los seleucidas fueron un importante vehículo de penetración de la cultura griega en Cilicia. Sin embargo, a la vez, no tardaron en dejar de manifiesto su escasa capacidad para controlar efectivamente la zona. Durante la segunda mitad del s. II a. de C., la Cilicia Trajeia se había convertido en una base de piratas y bandoleros que afectó de manera pésima el trágico comercial con la zona. El resultado de esa situación fue que Roma acabó interviniendo para proteger su seguridad. Se trató de un proceso dilatado. En el año 102 a. de C., una parte de Cilicia occidental se había convertido en provincia romana, pero hubo que esperar al año67 a. de C., y a la victoria de Cneo Pompeyo sobre los piratas para que toda Cilicia se convirtiera en una provincia romana cuya capital era Tarso.

La independencia administrativa de Cilicia no duró mucho. En torno al 25 a. de C., la Cilicia oriental – incluido Tarso – quedó unidad administrativamente a Siria, que era una provincia romana desde el año 64 a. de C.. Por lo que se refiere a la Cilicia occidental, fue entregada a distintos reyes clientes de Roma. Durante toda la vida, por lo tanto, de Pablo de Tarso, Cilicia formó parte, en términos administrativos, de Siria.

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