Xi´an (y VI)

Lunes, 28 de Enero de 2019

Lara y yo habríamos querido celebrar el día de acción de gracias, pero la tarifa del hotel por la cena, pavo incluido, se nos desmanda del presupuesto.  El precio sería modesto en Estados Unidos, pero la línea de la modestia la hemos rebasado.  Como en tantas otras ocasiones, hemos suplido con imaginación y disfrute de belleza la falta de dinero. Así lo hemos hecho durante un cuarto de siglo y en Xi´an no vamos a aceptar una excepción.  Así nos vamos al jardín principal – no el único – de Xi´an.  Una vez más, debo reconocer la inmensa capacidad de la cultura china para crear algo armónico.  Los setos, los árboles, los caminos, los estanques son un prodigio de belleza bien cuidada y, a la vez, aparentemente espontanea.  Como tantas veces, la armonía es la marca dominante.   En algunos tramos del trayecto, los cuidadores del parque incluso han colocado - ¿dónde? – unos megáfonos que difunden una dulce música china.

En un recodo, incluso nos encontramos con una escultura que recuerda las aventuras del rey mono.  Pocos occidentales han leído esta novela río que es extraordinariamente popular en Oriente – ha sido llevada al cine y a la televisión varias veces – y que, de verdad, merece la pena leerse porque, junto con el relato repleto de prodigios, aparece todo un mensaje espiritual.    La obra fue, probablemente, escrita por Wu Cheng´en y es una de las cuatro grandes novelas clásicas de la literatura china.  Publicada a finales del siglo XVI – es, pues, contemporánea de nuestro Quijote – se basa en un episodio histórico de enorme relevancia al que me he referido en una entrega anterior: el viaje del monje budista Xuanzang a occidente, es decir, la India y Asia central, en busca de unas sutras o cadenas de textos de Buda.  El regreso a China con esos materiales durante los Tang tuvo una enorme relevancia y uno de sus frutos fue esta extraordinaria novela en la que aparecen ya elementos fabulosos rezumantes de imaginación.    

Estoy convencido de que en ningún otro período de la Historia tanta gente ha podido viajar a tantos sitios tantas veces.  Sin embargo, la realidad es que un porcentaje elevadísimo no aprovecha esos viajes.  No se toma la menor molestia en comprender la cultura a la que accede; continuamente compara – en términos negativos – la comida de su país con la del visitado; se queja por la menor molestia y suele contemplar todo con un sentimiento de superioridad que, no pocas veces, no se corresponde con la realidad.  Como además no se ha tomado la molestia de leer algo de aquella literatura, de contemplar con cuidado el arte, de interesarse por sus creencias incluso volverá a su lugar de origen con la idea de que ha comprendido algo, pero limitándose a soltar papanatadas.  Ni que decir tiene que es una pena porque ha perdido miserablemente la oportunidad de acercarse a incas y a indios, a chinos y a rusos, a egipcios y mayas. 

Lara y yo aprovechamos las últimas horas con auténtico deleite.  ¿Quién podría decir si volveremos alguna vez a la maravillosa Xi´an, la capital de la gloriosa dinastía Tang?  Dios lo quiera, pero si no fuera así, en nuestro corazón y nuestro recuerdo siempre quedarán sus aromas y sus murallas, sus museos y sus jardines, sus sonidos y sus mercados.  ¿Podríamos pedir más?

(FIN DE LA SERIE)    

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