Miércoles, 25 de Noviembre de 2020

Alfie (1966)

Miércoles, 4 de Noviembre de 2020

La experiencia me dice que determinados libros y películas se entienden de manera muy diferente según la época en que se abordan.  Aquello que nos impresionó enormemente en un momento dado, de repente nos parece desvaído y sin interés con el paso del tiempo.  Aún menos entendemos cómo una obra en concreto pudo sacudir a una sociedad en un momento dado cuando la abordamos ahora y nos parece casi inocua.   Creo que ése es el caso de Alfie

La historia del joven – y amoral – conductor inglés ahora casi no nos llamaría la atención, posiblemente porque hay muchos Alfies al alcance de la mano.  Alguien que encuentra como entretenimiento principal de su vida el acostarse con las mujeres más diversas, muchas veces de su edad, pero otras, mayores que él, no pienso que ahora resultaría llamativo.  Todos conocemos a alguien así y la sociedad no sólo no lo censura sino que encima forma parte de los programas del corazón.  Sin embargo, en 1963, Bill Naughton veía las cosas de otra manera en una obra de teatro que en 1966 se convirtió en novela y en película protagonizada por Michael Caine.  Por supuesto, Alfie – nuestro seductor y conductor – no veía a las mujeres más que como un objeto del que derivar alguna diversión y diversión, ciertamente, obtenía.  Sin embargo, al mismo tiempo, en aquella búsqueda únicamente del placer, Alfie iba perdiendo mucho de lo que resulta más relevante en la existencia de cualquier ser humano: una esposa, unos hijos, una familia y, sobre todo, la integridad personal, ésa que te dice, aunque no seas creyente, que no puedes acostarte con la mujer de tu amigo y que el aborto es un crimen.  Al final del día, Alfie puede hacer arqueo de lo que han sido sus relaciones con las mujeres y pensar que aparte del sexo, ha obtenido algo de ropa, diversión, comidas… Sin duda, ha recibido mucho más de lo que dio alguna vez, pero, a pesar de todo, carece de paz de alma y si no se tiene paz de alma ¿de qué sirve todo lo demás?

Ignoro cómo una sociedad más moral que la actual contempló en los años 60 Alfie.  Ni siquiera sé cómo la vería la sociedad española que debió de pensar que se trataba de algo intolerablemente obsceno.  Sin embargo, la película sigue siendo digna de verse hoy en día porque Alfie – que no deja nunca de caminar en tinieblas – al menos se pregunta por el sentido de la vida en un final donde un tema escrito por Burt Bacharach precisamente subraya ese aspecto.  ¿De qué va la vida?  Ciertamente, tiene que ser de algo muy distinto que lo que anima la existencia de Alfie.   

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