Lunes, 17 de Febrero de 2020

XIII.- Crisis y revelación (II): La angustia

Viernes, 20 de Diciembre de 2019

De la manera más inesperada, las revelaciones se interrumpieron.  Esta circunstancia arrastró a Mahoma a un  nuevo estado de desazón del que, según la tradición, salió gracias a recibir el mensaje contenido en la sura 93:

¡En el nombre de A.lah, el Compasivo, el Misericordioso!

  1. ¡Por la mañana!
  2. ¡Por la noche cuando reina la calma!
  3. Tu Señor no te ha abandonado ni desdeñado
  4. Ciertamente, la última vida será mejor para ti que ésta.
  5. Tu Señor te dará y quedarás satisfecho.
  6. ¿Acaso no te encontró huérfano y te dio amparo?
  7. ¿No te encontró perdido y te guió?
  8. ¿No te halló pobre y te enriqueció?
  9. Por eso al huérfano, ¡no lo oprimas!
  10. Y al mendigo, ¡no lo rechaces!
  11. Y el favor de tu Señor, ¡publícalo!

 

El texto, uno de los más bellos del Corán, puede interpretarse como un claro llamamiento a Mahoma para conservar la fe.  Por ello, tenía que recordar lo que ya había recibido de Al.lah que era quien, en realidad, se encontraba después de la preservación que había experimentado a lo largo de su vida.   El texto, de cuya autenticidad no hay por qué dudar, tendría además una notable importancia porque nos permite acceder a lo que eran las creencias de Mahoma en aquella época.  Era el suyo un monoteísmo sencillo que afirmaba el cuidado providente de Al.lah e insistía en que, el que lo conocía debía atender compasivamente a los menesterosos y proclamar el mensaje.   Como había sucedido con la primera revelación, las afirmaciones podían ser compartidas sin problemas – a condición, claro está, de que Al.lah se identificara con el Dios de la Biblia y no con otra divinidad – por judíos y por cristianos.

A pesar de todo, las revelaciones de Mahoma volvieron a detenerse por razones no del todo determinadas aunque algunas tradiciones apuntan a una situación de enfermedad [5].   Fue un período de sequía que se prolongó, según la tradición, durante tres años. Se trató de una circunstancia que le causó un profundo sufrimiento.  De hecho, las fuentes señalan que en esa época Mahoma se envolvía deprimido en sus vestimentas sin deseos de hacer nada e incluso intentó suicidarse en varias ocasiones.  Si no llegó a consumar sus propósitos se debió, según las tradiciones islámicas, a diversas intervenciones de Gabriel.  En una de ellas, le habría comunicado las cuatro primeras aleyas de la sura 74:

 

¡En el nombre de Al.lah, el Compasivo, el Misericordioso!

  1. ¡Tú, el envuelto en un manto!
  2. ¡Levántate y advierte!
  3. A tu Señor, ¡ensálzale!
  4. Tu vestido, ¡purifícalo!

     

El Sahih al Bujari ha recogido así el episodio:

    

  1. 4. Narró Jabir bin Abdullah Al-Ansari mientras hablaba del período de pausa en la revelación, citó al Profeta: “Mientras iba caminando, de repente escuché una voz que procedía del cielo. Elevé la mirada y vi al mismo ángel que me había visitado en la cueva de Hira.  Estaba sentado en una silla entre el cielo y la tierra. Le tuve miedo y regresé a casa y dije ”Cubréme”. Y entonces Al.lah reveló los siguientes santos versículos :  “¡Oh tu cubierto! Párate y advierte y quédate lejos de Ar-Rujz (los ídolos)!” (74:1-5).  Tras esto, la revelación comenzó a hacerse más fuerte y más frecuente…”[6].

 

No resulta fácil conciliar todas las tradiciones ni tampoco discernir la historicidad de cada detalle, pero no se puede negar que Mahoma pasó por una fase psicológica y espiritualmente muy dolorosa tras la primera revelación.  Resulta obvio el estado de postración en que se encontraba Mahoma ya que, según la tradición, se arropaba con su vestimenta, se tumbaba y así dejaba pasar el tiempo sin atender siquiera a la higiene personal.  Semejante comportamiento parece indicar un proceso depresivo, algo lógico en una persona sensible que creía haber salido de su inquietud espiritual para verse sumido nuevamente en el silencio.  Fue éste un período, sin duda, relevante de la vida de Mahoma, pero los datos de que disponemos no resultan seguros.  Por ejemplo, hay tradiciones islámicas que sitúan en esta época la recepción de normas relativas a la oración.  Sin embargo, el dato no es fiable.  De entrada, el Corán ubica esas disposiciones al final del período mecano (17: 80/78), pero es que todavía en el s. XII, según el testimonio de Averroes el abuelo (m. 1126), los horarios de las cinco oraciones diarias no estaban del todo fijados, siendo en la época de Mahoma tan sólo tres o cuatro[7].  En éste, como en otros casos, la tradición colisionaría con los datos históricos de que disponemos y, como en el caso de otros personajes relevantes en la Historia de las religiones, nos encontramos con situaciones muy posteriores retrotraídas a un período muy anterior, en esta ocasión, en varios siglos.  

 Se trató de un oasis en medio del desierto porque, aunque, ciertamente, Mahoma iba a continuar compartiendo el mensaje con algunos vecinos, las impresiones que causó en ellos no fueron positivas.

CONTINUARÁ


[5]  En ese sentido, J. Vernet, Oc, p. 41.

[6]  Sajij al Bujari, Libro de la revelación, 3, 4.

[7]  En el mismo sentido, J. Vernet, Oc, p. 41.

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