Domingo, 19 de Enero de 2020

XIII.- Crisis y revelación (II): La primera revelación

Viernes, 13 de Diciembre de 2019

 La primera revelación de Mahoma tuvo como escenario, según la tradición, un monte cercano a la Meca, el Hira, en una de cuyas cuevas se retiraba con frecuencia para meditar[1].  Según las fuentes islámicas ya tardías recogidas en un jadiz[2], el episodio fue así:

  1. 3. Narró Aishah, la madre de los creyentes fieles: El inicio de la Revelación al Mensajero de Al.láh fue en forma de unos sueños verdaderos que se hicieron verdad como la luz brillante del día, y entonces se le concedió el amor de la reclusión. Acostumbraba a recluirse en la cueva de Hira en dónde solía darse a la devoción continuamente por muchas noches antes de regresar a su familia. Solía llevar consigo la comida del día y entonces regresar con Jadiya para volver a llevar comida hasta que de repente la Verdad descendió en él mientras estaba en la cueva de Hira. El ángel se le acercó y le pidió que leyera. El Profeta contestó: “¿Qué he de leer?”.

      El Profeta añadió: ”Entonces me agarró y me apretó con tanta fuerza que ya no lo podía soportar. Entonces me soltó, y otra vez me dijo que leyera y le contesté: ”¿Qué he de leer?”. Una vez más me agarró y me apretó por segunda vez hasta que no pude soportarlo. Me soltó entonces y una vez más me dijo que leyera, pero una vez más le contesté: ”¿Qué he de leer?”. Entonces me agarró por tercera vez y me apretó, y luego me soltó y dijo: “Lee en el nombre de Al.lah que ha creado. Ha creado al hombre de un coagulo. ¡Lee! Y tu Dios es el más generoso”. Entonces el mensajero de Al.lah regresó con la Revelación y con el corazón latiéndole muy fuerte. Entonces fue con Jadiya bint Juwailid y dijo: “¡Tápame! ¡Tápame!”. Lo taparon hasta que desapareció el miedo que tenía y de esto le dijo a Jadiya todo lo que había ocurrido: ”Temo que algo me pueda pasar”.  Jadiya respondió: ”¡Nunca! Por Al.lah, Al.lah nunca te pondrá en desgracia. Tu, guarda buenas relaciones con tus parientes, ayuda a los pobres y a los desvalidos, sirve generosamente a tus invitados y asiste a los afligidos por la calamidad”.

 

      El episodio de la revelación en la cueva del Hira – que tenía una extensión de un metro y medio por tres metros y medio - ha sido objeto de diversas explicaciones.  Para algún autor, simplemente se trató de un episodio semejante al de la Pitia y el oráculo de Delfos en la antigua religión griega.  De acuerdo con esa explicación, las reducidas dimensiones del recinto y las emanaciones del subsuelo acababan provocando un estado extático[3].  Es lo mismo que habría pasado con Mahoma.  Sea como fuere, la tradición indica que Mahoma se tranquilizó durante un tiempo, pero entonces volvió a escuchar la voz lo que le provocó tal desazón que a punto estuvo de lanzarse al vacío desde el monte Hira[4] .  Como hemos visto, un ser que se presentó como Gabriel y que le anunció a Mahoma que era el profeta de Al.lah, formuló una orden para él resumida en una sola palabra:  Iqra.    

     Se ha especulado mucho sobre el significado del término.  Literalmente, significa “lee” y así debió ser entendido por Mahoma que respondió que no podía hacerlo, una circunstancia que ha llevado a discutir la posibilidad de que fuera analfabeto.  Con todo, semejante interpretación queda muy relativizada si se interpreta como un “predica”.  A continuación, Gabriel le habría comunicado no la sura 96 del Corán como se dice erróneamente a veces [5] sino sus cinco primeras aleyas, desapareciendo después.  La citada sura comienza precisamente con la palabra iqra:

 

¡En el nombre de Al.lah, el Compasivo, el Misericordioso!

  1. ¡Lee en el nombre de tu Señor, que ha creado,
  2. Ha creado al hombre de un coágulo.
  3. ¡Lee! Tu Señor es el más generoso
  4. que ha enseñado a través del cálamo,
  5. ha enseñado al hombre lo que no sabía.

 

        El texto – enormemente sencillo – afirma el monoteísmo de un dios creador que ya se ha revelado por escrito en el pasado.  Se trata de una afirmación que hubieran aceptado sin ningún problema tanto judíos como cristianos salvo por la referencia al coágulo que choca frontalmente con lo relatado en el libro bíblico de Génesis.

      Las fuentes islámicas distan mucho de proporcionarnos un relato único de este episodio.   De entrada, la fecha no resulta fácil de precisar.  En el Corán (2: 181/185) se sitúa “en el mes de Ramadán”, pero en la sura 97 la ubica “en la noche del Destino” (laylat al-qadr) que va del 26 al 27 del mes de Ramadán.  Tampoco coinciden las fuentes islámicas en lo que al contenido de la revelación se refiere.   Como ya hemos señalado, existen indicios claros de que, como mucho, lo recibido en aquella ocasión fue la sura 96, pero, posteriormente, se insistió en que se había tratado de todo el Corán[6] que se habría borrado de la memoria a Mahoma y que luego iría descendiendo de nuevo en partes, una tesis que, examinados los hechos históricos, no es fácil de aceptar.  Tampoco quedan claramente establecidas otras circunstancias.  En algunos casos, Gabriel aparece con las alas propias de un ser angélico y llevando un paño de seda en el que estaba escrita la revelación que debía leer Mahoma.  En otros, Gabriel se ve sustituido por el Espíritu (Ruh) o el Espíritu Santo (Ruh al-Quds).  En ese sentido, el episodio recuerda considerablemente las variaciones sobre el relato de su primera revelación que dio Joseph Smith, el profeta de los mormones[7].

     Sí parece más sólidamente establecido que, tras atravesar por esta experiencia, fuera cuál fuera su contenido concreto, Mahoma corrió al lado de Jadiya.  Ésta aceptó el relato de su marido y, de hecho, siendo cristiana[8], se convirtió en su primera adepta.  Con todo, semejante paso no significó para ella una renuncia a sus creencias previas.  El Sahih al Bujari lo cuenta así:

      Jadiya lo acompañó entonces a ver a su primo Waraqa bin Naufal bin Asad bin Abdul Uzza, quien, durante el período de la Ignorancia se hizo cristiano y utilizó a la escritura con letras hebreas. Escribió el Evangelio en hebreo.  Entonces Jadiya dijo a Waraqa: “Escucha a tu sobrino ¡Oh mi primo!”. Waraqa preguntó: ”¡Oh mi sobrino! ¿Qué has visto?”. El Mensajero de Al.lah describió todo lo que ha visto. Waraqa dijo: ”Este es el mismo ángel Yibril (Gabriel)] que Al.lah envió a Musa (Moisés). Ojalá fuera joven y viviera lo suficiente como para ver cuando su gente se junte”. El Mensajero de Al.lah preguntó: ”¿Me rechazarán?”. Waraqa respondió de forma afirmativa y dijo: “Cualquiera que ha llegado con algo similar a lo que has traído fue tratado con hostilidad; y de estar vivo ese día, te apoyaré con fuerza”. Pero después de unos días Waraqa murió y la Revelación Divina también tuvo una pausa por un tiempo[9].

 

     Este episodio, conservado por la tradición, pudo tener una importancia decisiva sobre Mahoma hasta el punto de que algún autor lo considera esencial para comprender su visión espiritual[10].   Waraqa era pariente lejano del propio Mahoma[11] y la misma referencia al Evangelio en hebreo constituye una clave esencial para captar lo que creía.  Tenemos noticia de un texto conocido como Evangelio de los hebreos por diversas fuentes.  Eusebio, por ejemplo, indica que era un texto sagrado de los ebionitas, una secta judeo-cristiana que creía en Jesús como profeta y mesías, pero negaba su divinidad.  También Epifanio (m. 403) lo describe como una versión alterada e incompleta del Evangelio canónico de Mateo.  Jerónimo, por su parte, comenta que se había traducido al latín.  La tradición islámica citada antes señala que Waraqa lo había traducido al árabe lo que hace pensar que tenía un especial interés en comunicar sus creencias religiosas de cristiano ebionita a los árabes.

     Por lo que se refiere a Mahoma, su experiencia no tiene por qué ser calificada de perversa o patológica, como han hecho algunos autores[12].  Un monje cristiano que, por añadidura, tenía cierta instrucción teológica había corroborado su revelación.  Era semejante a lo que él mismo creía; enlazaba con otras revelaciones previas y, precisamente por eso, sería objeto de oposición.  Sin embargo, él mismo estaría dispuesto a apoyarlo.

CONTINUARÁ


[1]  Es curioso que las fuentes árabes utilicen para describir esa conducta la palabra tahannut, un término derivado del hebreo tehinnot.  ¿Indica esa circunstancia la cercanía de un mentor judío en la vida de Mahoma o se trata de un préstamo lingüístico posterior?  Probablemente nunca lo sabremos y el origen del uso del término seguirá siendo, como mínimo, enigmático.  

[2]  Sajij al-Bujari, Libro de la Revelación, 3, 3.

[3]  Ali Sina, Oc, p. 159.

[4]  Una referencia exhaustiva a las fuentes islámicas unida a un análisis psicológico de estos episodios en Ali Sina, Oc, pp. 109 ss. 

[5]  Es el caso de J. Vernet, Oc, p. 40.

[6]  Véase supra pp.  .

[7]  C. Vidal, La otra cara del Paraíso, Miami, pp.  .

[8]  Sobre el hecho de que Jadiya era cristiana, véase el autor musulmán A. Youssef, Le moine de Mahomet, Paris, 2008, p. 62.

[9]  Sajij al-Bujari, Libro de la Revelación, 3, 3.

[10]  En ese sentido, J. Azzi, The Priest…. 

[11]  J. Azzi, The Priest…, pp. 1 ss.

[12]  Ali Sina, Oc, 103 ss.  Con todo Ali Sina no niega que Mahoma dijera la verdad. 

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