Sábado, 20 de Julio de 2019

Adiós Nanjing, Adiós China (II): primer día en Nanjing

Martes, 9 de Julio de 2019

Estar en Nanjing es un poco como estar en casa.  Es una ciudad que ya he visitado en varias ocasiones y que me gusta de manera especial.  El hotel es muy agradable – y más económico que en Europa o Estados Unidos – y, en este primer día, se trata de descansar un poco porque la agenda de Lara es un poco cargada.  Vamos a desayunar a un local australiano aunque, más allá de la decoración, todo es chino.  Como suele ser habitual, el lugar no es caro, la ambientación es de buen gusto y el servicio es muy bueno.  ¿La comida?  No les quiero engañar: es deliciosa.  Lara me dice que lo mejor es el brunch – un término inglés que designa algo a mitad de camino entre el desayuno y el almuerzo – y , efectivamente, así es.  Soy de desayunos muy frugales, pero, por esta vez, hago una excepción.  Me veo recompensado por un té delicioso que no conozco.  Los chinos se niegan a venderme una porción, pero consigo conocer la marca con la intención de encontrarlo.

He traído un traje para la graduación de Lara, pero me insiste en que aproveche para que me confeccionen uno en Nanjing.  De manera muy similar a lo que sucede en la India, hay multitud de sastres que te toman las medidas en un periquete y que te tienen hecho uno en un par de días.  Con género de primer orden y corte impecable, por supuesto.  Es así como acabamos en esa sastrería absolutamente artesanal y absolutamente eficaz.  ¿Acaso no se puede comprar ropa de confección en China?  Tanto o más que en Europa o Estados Unidos y de cualquier marca internacional, pero los sastres siguen existiendo y además son excelentes.  El traje que saldrá de estas medidas será estupendo y costará algo más de doscientos dólares.  ¡No está mal para un tres piezas como lo llaman en Estados Unidos!

Caminamos bastante durante este primer día.  Las distancias son enormes en China, pero los lugares a los que hay que ir se encuentran cerca y aprovechamos.  Me llama la atención los tipos humanos con que nos cruzamos.  Se distingue al chino de ciudad y al venido del campo – también pasaba así en la España que conocía en mi infancia donde podías saber si alguien era de Madrid o venía de un pueblo – notas el salto dado por las jóvenes generaciones y la manera en que persisten las viejas tradiciones y, de manera muy especial, reparas en que entre las chinas jóvenes hay muchas que son verdaderamente guapas.  Es otra belleza, lo sé, de dimensiones más reducidas, pero inmensamente sugestiva.  Sí, acá y allá, te cruzas con algo que se parece de lejos a una choni – aunque no suele llegar, esa es la verdad – pero el porcentaje de chicas bellas se me antoja mayor al que podría encontrar en España o en el sur de la Florida.  Muchas de ellas incluso tienen una afectación no pocas veces elegante que hace décadas que desapareció de España – sí, ser anoréxica no significa ser elegante, lo siento – y que me provocan una sonrisa de ternura.  ¿Qué les deparará el futuro a estas chicas que llevan sombrilla y que realizan combinaciones de atuendo peculiares, pero hermosas y de buen gusto?  Lo ignoro, pero deseo que sea un porvenir dichoso al lado de alguien al que amar hasta el final de su vida. 

Descansamos en un restaurante indio – sí, con indios – y luego acompaño a Lara a su universidad.  Le han encargado entregar los anuarios (yearbooks) de clase y allí está en su habitación repartiéndolos y presentándome a sus compañeros.  Entre ellos, no hay españoles lo que no me deja de resultar revelador porque sí hay americanos, asiáticos y europeos.  Lara tiene que terminar tareas de manera que me toca regresar solo al hotel y además quedarme solo en la habitación.  En otra época, la perspectiva me habría parecido pavorosa porque nadie habla inglés o lengua occidental cualquiera.  Ahora, sin embargo, parloteo algunas frases y me atrevo a hablar en chino con el taxista.  Incluso cuando pretende tomar cierto rumbo, le corrijo.  Visto ahora, no sé cómo me atreví.  Supongo que se trata de la inconsciencia que me ha caracterizado más de una vez.  En cualquier caso, al hotel llego sano y salvo y Lara me ha ido llamando durante el trayecto diciéndome lo que, más o menos, me quedaba.  Voy a descansar que mañana nos espera otro viaje.

CONTINUARÁ

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